a-periódico de psicoanálisis y cultura:

Editorial

       Analiticón ( nº1 año I)         

Un cisne, del que no se sabe si irá a dar al mar, a un estanque, o a una taza de té.

La primer editorial de una publicación es una apuesta a un lector por venir, expectativa de un deseo silencioso...

 Como el estudiante revolucionario se presenta abruptamente satirizando la figura del maestro. Perdura aquí, virtual pero en Mar del Plata (Argentina), solitario Analiticón.

Así se llama también en los Anexos de “El reverso del Psicoanálisis”, al apartado del Libro 17 de El Seminario de Jacques en donde Lacan, en el contexto del mayo Francés (1968-69), se enfrenta con los estudiantes contestatarios, quienes haciendo causa común con el proletariado no dejan de provocarlo.

El temperamental analista luego de soportar serenamente los achaques, les dice entre otras cosas: “Se trata de saber por qué los estudiantes se sienten, como los otros, de más. No parece que vean claramente cómo salir de esto. Quisiera que se den cuenta de que un punto esencial del sistema, es la producción, la producción de la vergüenza. Esto puede traducirse -es el impudor. Por esta razón, tal vez no sería un mal procedimiento no ir en esa dirección.”

El parágrafo que sostiene nuestro nombre (Un cisne que no se sabe si ira a dar al mar, a un estanque, o a una taza de té...)prefigura los tres destinos a dónde tal ves llegue nuestra pluma, y deja leer en cisne el “signo ” que la homofonía francesa designa.

En el repliegue de alas del insigne ´cisne-signo´ (cygne-cigne) el Analiticón se desliza sobre las aguas de la vergüenza...

Pues si nuestros mitos son reales -como supo señalar el maestro- suponemos al lector cual Leda (ledo, leda, significa alegre, sexuando alegría) hija de Testios, quién fuera seducida por Zeus bajo la bella forma animal de un cisne, y que tal vez así te abandones a nuestras figuras de desplazamiento y captura que las posibles lecturas del signo ciñen...

Digámos más simplemente: nunca alcanzas a nombrar lo que quieres y cuando éste signo te alcance, tal vez no seas eso, o no sea ella. Pero si sabes reconocer lo que tú designas (aquello que se discierne mejor en un psicoanálisis), harás que la elipse que Ferdinand De Saussure emplazó como unidad indisoluble (significado-significante) se anime... Pues; cuando repetimos que el discurso del inconsciente está estructurado como un lenguaje, indicamos la posibilidad de una subversión en el signo que revele la función del inconsciente en el sujeto.

Ah! Desde entonces; ni la psicología humana pudo ser comprendida, sino por el efecto del significante en lo inconsciente; que no es defecto, sino efecto del  despertar de un sentido nuevo...! Pero -siempre hay un pero- el factor Analiticón insiste: -¿Es por ello el psicoanálisis revolucionario? La respuesta solo se subraya: “es una buena pregunta”.

Habrá que sumergir la cabeza en estas aguas...


 

  

05:24 - lunes, agosto 20, 2007 - comentarios {0} - publicar comentario

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"El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos argentinos".

 Por fuera del mimetismo psicoanalítico: por Leonardo Vera.

 

"Actualidad del trauma"

Aire Fresco. Comentario de Marcelo Izaguirre.

 

"Estudios Psicoanaliticos en la Unversidad II"

Comentario de Leonardo Vera.

 

"Sintoma y Nominación"

Comentario de Germán García.

 

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06:19 - sábado, julio 28, 2007 - comentarios {0} - publicar comentario

Cartas: V. Ocampo


Del affaire entre Victoria Ocampo y Jacques Lacan y un poema del psicoanalista francés:

Victoria Ocampo, está tan ligada a Mar del Plata; como nosotros a su entusiasmo y desengaños, a sus comentarios burlones, y su cólera wagneriana. Sus reacciones apasionadas con las personalidades de su tiempo, las conocemos por su correspondencia. Pero, quién fue ella para el joven Jacques Lacan? No lo sabremos.

Así como del encuentro fallido de Freud, con Lacan sabemos poco, a juzgar por lo que se dice, que hubo alguna carta que se traspapeló (y de la que: “aun no está dicha la última palabra...”).

Pero ¿qué ocurrió en éstos encuentros del que sí se conserva este testimonio y sobre el que no se ha tejido aun la menor conjetura?

De la divertida amistad entre Victoria Ocampo y Jacques Lacan, nos preguntarnos –como la revista Cités de París. ¿Qué esconden esos “puntos sensibles”, estos encuentros como secretos tan bien guardados...? Excepcionales, pues aquí se rescata la única poesía que conocemos de Jacques Lacan. Sorprendente, por retratar lo que ella llama su éblouissant {deslumbrante} inteligencia. Los que leemos a Lacan, sabemos de qué habla. Sin embargo, se dijo -según la mención de Jacques-Alain Miller en Los usos del lapso (1999-2000)- que no todos saben del affaire que embriagó a la protectora de Jorge Luis Borges. ¿Llegaron por eso a integrar La secta del fénix? Tal vez carezca de importancia el dato... Soltero aun, el Dr. Lacan no era ese faro que algunos se disputan y del que otros reniegan. Pero el joven residente del Hospital Sainte Anne, ya resplandecía en su círculo de notables. En el libro Cartas a Angélica y otros (1), el seductor entusiasmo de Jacques y la curiosidad polifacética de Victoria se encuentran. La época del entre guerras (París, 1930) es el marco de un flirteo y unos coqueteos que trascribimos...


Selección de la correspondencia de Victoria a Angélica:

 

Carta del 11 de enero de 1930 (París)

“Anoche comí en lo de Jo A. con Fargue (divertido pero me revienta), Riviere y un muchacho, Jacques Lacan, de quién me estoy haciendo, a pasos agigantados, muy amiga.

La atmósfera de lo de Jo no es muy propicia a la francachela (intelectual por lo menos). Las cosas pasaron en un tren de aceite y vinagre disimulado. Fuimos después a la Opéra, Lacan, Riviere, Jo y yo. Jo insoportable. Había huelga de taxis. Así que Jo nos depositó en nuestras respectivas casas. Lo peor es que Jacques vive en el hospital Sainte Anne, a una hora del centro de París .

Al poco tiempo de haber llegado yo, teléfono. Lacan que me decía: “Quelle affereuse soirée! J'en creverait si je ne vous en parle. Pouvez vous me recevoir une minute?” / “¡Qué horrorosa velada! Estallaré si no le hablo de eso. ¿Puede recibirme un minuto?”/ (Otra hora de viaje, en el metro esta vez). Conversación hasta las cinco de la mañana. (los locos de St. Anne las habrán pasado buenas). ¡En fin!

Lacan es exactamente lo contrario de Drieu, física y moralmente. Pelo negro o casi, entusiasmo, entusiasmo y entusiasmo, gran boca; ¡la boca más y más simpática que te puedas imaginar!

Ayer de tarde fui a lo de Gourgaud (descendiente del general que acompañó a Napoleón en Santa Helena) (había recibo). Lote tiene una colección de cuadros extraordinaria. Picazos, Braques, Matisses, Cezanes, Watteaus, etc. etc. La casa lujosa pero con terribles fallas de gusto. Estuve con Mme. Letelier (¡lo que habrá sido de linda esa mujer!) que me habló de Enrico…

Drieu me leerá su pieza mañana. Está en un estado de suscep-tibilidades y malcrianzas insoportable. La otra noche salió de aquí indignado, a la 1 de la mañana, porque yo bostezaba y tenía sueño. Tengo que presentárselo a Lacan para que trate de darle un remedio.

Hasta mañana o pasado. Esta semana me ocupo de la valija.

Un abrazo.

PD: Lacan es inteligentísimo. Me gustaría que lo conocieras.”

En la carta siguiente del 20 de enero de 1930, se refiere a su gripe, de la que no sería exagerado reconocer como un síntoma que alcanza inequívoco destinatario…

Querida Ange:

No te figuras con cuanto placer -o alegría- recibo tus cartas (pocas).

Aquí la vida es de una pobreza franciscana en todo lo que se refiere a las “cortesías del corazón” como diría la Bestia del Apocalipsis.

Pues era yo la que tenía aprensiones el día que hablé por teléfono y los anteriores. Esperaba un telegrama el 1º de año. Y fuera de uno que me legó de Pancha, en París, y con mucho atraso, ¡ni palabra! Estas cosas impresionan mucho en alta mar (o alta tierra) y a la distancia, lo cierto es que me sentía muy trite.

Enferma no. Es decir, enferma he estado, pero muy poco. Un resfrío y dolor de garganta. Y como no quiero que mi antigua amiga se encuentre con terreno propicio para volverse a instalar, me quedé en cama ayer. Jacques Lacan me limpió la garganta con un desinfectante maravilloso. Ya no me incomoda pero tengo resfrío en la nariz.”


Cualquier semejanza con el sueño de la inyección de Irma (sueño inaugural del psicoanálisis, según Sigmund Freud) es solo casualidad, la figura no deja de impresionar. En este juego de descripciones críticas y galanteos, el rival de Jacques es el “absolutamente neurasténico” Pierre Drieu la Rochelle (1893-1945). (Quien vino a la Argentina en 1932 invitado por Victoria para dar conferencias y, con quien Borges realizaría una larga caminata por los arrabales de Buenos Aires hasta un cabaret). La faceta ácida de Victoria se detiene en esa cosa llamada Lacan. La poesía por fin cae en nuestras arenas...

 

(…)“En cuanto a Jacques Lacan es un individuo no menos singular en otro género. Inteligente y ambicioso. Lleno de no se que energía desaforada que lo devora física y moralmente. Con sueños napoleónicos de poderío. Trabaja en el hospital. Escribe (“je chante pour moi même”: es decir no publica) / “Canto para mí misma”. Aria de Carmen de Bizet / Sale, no se a que hora duerme, ni a que hora come.

Odia a Paul Valery y escribe versos valéricos. Estos por ejemplo:

 

Coses, que coule en vous la sueur ou la seve.

Formes, que vous naissiez de la forge ou du sang,

Votre torrent n'est pas plus dence que mon revé

Et si je ne vous bat d'un decir incesant

Je travese votre eau. Je tombe sur la grève

Ou m'attire le poids de mon démon pensant etc.

* * *

{“Cosas, ya corra en vosotras el sudor o la savia,

formas, ya nazcais de la forja o de la sangre,

vuestro torrente no es menos denso que mi sueño

y si yo no os azoto con un deseo incesante

atravieso vuestra agua. Caigo sobre el arenal

adonde me atrae el peso de mi demonio pensante”}

 

Anoche vino a verme y nos reímos bastante de comunicarnos nuestras impresiones respecto a la curiosidad con que Isabel Dato y Jaime (el españolito me olvido de su apellido) nos observan. “Ils sont anxieux de voir qui será dévoré” Están ansiosos por saber quine será devorado dice Jacques. “Et en ce moment, ils n'y comprennent plus rien  {y en este momento ya no comprenden nada}.

Jacques a entrado en el círculo isabelino por las Innisdaël  (Thérèse). Sabrás que Thérèse (cette vieille gonzesse {ese vejestorio} dice Drieu) tiene una especie de salón Rogaliste donde trône Luciene Daudet viven en un magnífico hôtel, rue de Varennens y según Jacques “Thérèse a 52 ans jouit encore de se prommener sans institutrice”! {A los 52 años Thérèse sigue disfrutando de salir a pasear sin institutriz}. Son gentes collet monté y fin de race {son gente estirada y decadente}.

Todavía no veo bien cual es el papel de Jacques ahí.

Lo que puedo decirte es que la ambición de Jacques es algo por el estilo de la de Napoleón… cuando era todavía Buonaparte.

Tenemos en común el gusto del disparate, entre otros.

Ayer me contaba de un libro (tengo que buscarlo) en que los personajes se llaman:

M. le directeur de la Direction Genéralé.

M. Membre (membre) etc.

Hasta mañana.

 

Victoria se introduce en el seno mismo del surrealismo, y se inclina por el grupo Documents (revista que acogió a los disidentes del surrealismo y que al otro año (1931) dirigirá George Bataille), se refiere despectivamente a los primeros. En especial al grupo de Tristán Tzara; es el comienzo de las desavenencias con Jacques.

 

Carta del 7 de febrero:

(…) “No creas que esta gente es siempre muy divertida, pero mientras uno no los conozca  interesan, y cuando uno los conoce se queda con 2 o 3 para el uso personal y los demás “on les laise tomber” {los descarta}.

Lacan es muy extraordinariamente inteligente, pero de carácter intolerable peor que Drieu a pesar de ser totalmente distinto-. Nos peleamos diariamente y a cada rato tomo la resolución de no verlo más. Pero como no tiene remplazante que se le asemeje, lo sigo viendo. Pensamos ir a Chartres este domingo, pero acabo de tener una discusión con él por teléfono y creo que no iremos. Anserment lo encontró aquí el otro día y me dijo que estaba ébloui  {deslumbrado} por la inteligencia de Jacques. Y no me extraña. Pero el carácter es menos éblouissant  {deslumbrante}.

 

Victoria, al parecer captó algo, y juega con el significante sant (santo) implícito en lo no “deslumbrante” de su carácter. Pero para analizar las razones de la disputa que llevó a la pelea entre ambos debemos conocer la obra de teatro de Cocteau “La voz humana”, de la que Victoria realiza una severa crítica. Lo cierto; que algo del gusto por las bifurcaciones del malentendido, no interesó a Victoria. La obra tiene como personajes a una mujer y un teléfono. Esa voz en el teléfono, fue un gusto que no compartieron.

 

En la carta del 15 de febrero comenta el ensayo de la obra de Cocteau. Y al pasar, un detalle:

(...) “Estábamos allí Ramón, Delia y yo. Fuimos después a tomar té y a criticar a los franceses. Están insoportables. A tal punto que hoy, cuando ibamos caminando, alguien al oír el español retentissant {Sonoro} de Ramón gritó: ”Assez! En français”. {Basta, en francés!} Era el caso de contestar MERDE. Pero –como de costumbre- no se me ocurrió sino media hora después. A pesar de estos pequeños inconvenientes Paris es Paris… insustituible.”

 

De aquí en más, sin embargo, escribirá sólo en francés:

 

Carta del 16 de febrero

(en francés en el original, comienza directamente así):

Epílogo de “La voz humana”. Esta tarde, en el segundo ensayo general, Paul Eduard (surrealista) gritó ante el primer estallido de ternura telefónica: “¡Obsceno! ¡Obsceno!”(….) Gran escándalo. Insultos, luces, agente de policía, etc. (…)

Me he peleado con Jacques L. a causa de Cocteau. Se dejó embaucar por el aspecto sentimental de la pieza y no se da cuenta de que es una prostitución del corazón así como la carta de Maritain es una prostitución de la Fe. Cocteau vale en otro plano y por otros valores.(…)

 

El asombroso y ræsonante Jacques, será de los descartes. Ocupará lo insustituible; toda la ciudad de París, idéntica a si misma (de donde ella supo extraer al no tan santo Drieu de la Rochelle (3)). Este libro exquisito -olvidado en los estantes de cuatro pesos- tiene una infinidad de notas que no podemos transcribir, tan solo recomendamos su lectura.


Notas:

1. “Cartas a Angélica y otros”. Ed. Sudamericana. 1997. Los originales de estas cartas que comento se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Princeton, New Jersey, División Manuscritos, Departamento de Libros Raros y Colecciones Especiales. Su destinataria fue Angélica, su hermana un año menor. La segunda hija de Manuel S. Ocampo y de Ramona Aguirre.

2. “Jacques Lacan, psicoanálisis y política” Yves Charles Zarca (dir) Ed. Nueva visión

3. Testigo lucido del malestar moral de su generación. Sin poder resolver sus contradicciones, y obsesionado por la decadencia de Francia, su patria, Drieu adhirió al fascismo a mediados de los años ´30. Colaboró con los alemanes durante la Ocupación, y al terminar la guerra se quitó la vida, después de haberlo intentado varias veces. Escribió novelas (Le feu fellet, 1931; Rêveuse bourgeoisie, 1937; Gilles, 1942) y ensayos (Genève ou Moscou, 1928).


  

02:47 - sábado, agosto 19, 2006 - comentarios {3} - publicar comentario

Dialogos con Borges


Diálogo entre Jorge Luis Borges 

y Osvaldo Ferrari: 


 Estos diálogos fueron realizados en la radio por Osvaldo Ferrari, y aparecieron publicados en diversos medios nacionales y extranjeros. Escogimos éste especialmente, por ser una de las reflexiones más acorde con el momento actual, en que lo teológico-político parece haber inundado los debates culturales. La lucidez de Borges aparece aquí inevitable, como algo que simplemente sucede, ahí donde el sello de su voz se impone así como en la puntuación que respetamos.


Osvaldo Ferrari: Nos hemos referido, antes, Borges, aunque siempre ocasionalmente, al catolicismo y al protestantismo; pero no hemos hablado de su manera de ver a la figura que está en el origen de ellos, la figura de Cristo.

Jorge Luis Borges: Yo diría, ya Renan lo dijo mucho mejor que yo, que si Cristo no es la encarnación humana de Dios lo cual parece sumamente inverosímil- , fue de algún modo el hombre más extraordinario que recuerda la historia. Ahora, no sé si se ha observado, que Cristo es, entre tantas otras cosas, un estilo literario. Usted lee Paradaise Lost; Paradise Regained (El paraíso perdido; El paraíso recobrado) de Milton, y como dijo Pope, están el Padre y el Hijo debatiendo como escolásticos; sin embargo, el estilo de Cristo es un estilo extraordinario. Pensemos que durante siglos, los escritores han buscado metáforas; mas recientemente, básteme recordar… y, a Lugones, a Góngora, y podríamos mencionar a tantos otros. Pero nadie ha encontrado imágenes tan extraordinarias como las de Cristo; imágenes que al cabo de dos mil años siguen siendo asombrosas. Por ejemplo, “Arrojar perlas a los puercos”; como pudo llegar a esa frase. En la mayoría de las frases, un piensa, bueno, se ha llegado a ellas mediante variaciones; pero arrojar perlas a los puercos, es una imagen que sigue siendo extraordinaria, y que no puede clasificarse, y es ilógica. O, si no, por ejemplo, para condenar los ritos funerarios, a que tan aficionados son, bueno, las empresas de pompas fúnebres, secundadas por las iglesias; aquello de “ Dejad que los muertos entierren a los muertos”. Eso lo hace terrible y además sugiere una explicación fantástica. O si no “Que el que no tenga culpa arroje la primera, arroje la primera piedra”.

F -Es valido para siempre.

B -Ahora, eso debería justificar lo que dijo el místico inglés Wiliam Blake; se había pensado siempre que la salvación era un proceso ético, y eso fue fomentado, demagógicamente, digamos, por el mismo Cristo, cuando dijo “Benditos los pobres de espíritu porque de ellos será el reino de los cielos”, es decir, él insistirá en la conducta. Pero, luego viene el místico sueco Swedemborg; Swedemborg dijo que la salvación tenía que ser intelectual también, e inventa aquella espléndida parábola de un hombre que quiere entrar en el cielo. Entonces se despoja de todo, vive en la tebaida, o en su tebaida, renuncia a todos los placeres sensuales, intelectuales y estéticos; vive virtuosamente, se martiriza, y, efectivamente, llega al cielo, se encuentra en un mundo mucho más complejo que éste; ya que según Swedemborg, en el cielo hay más formas, más colores, y, desde luego mucha más inteligencia que aquí; y el pobre hombre, que es sólo un santo, tiene que asistir a los diálogos de los ángeles, que según el libro “De coelo et infierno” de Emanuel Swedenborg, discuten de teología; no entiende absolutamente nada, ya que no ha educado su inteligencia, y siente que de algún modo está excluido del cielo. Entonces, las autoridades, digamos, se dan cuenta de eso, y dicen “qué podemos hacer con él: en el cielo está perdido, ya que no puede participar de los diálogos angélicos; enviarlo al infierno, entre los demonios, sería evidentemente injusto”. Entonces, llegan a esta melancólica solución: le permiten proyectar en el otro mundo, una imagen de su tebaida; y ahí ese hombre está, en este momento, sólo, ve ese desierto ilusorio que el necesita, sigue mortificándose y rezando; que mortificándose ya sin esperanza, porque sabe que no puede aspirar al cielo.

F -A, pero que curioso.

B -Un destino terrible. Bueno, pues bien, después llega Blake, y Blake dice que la salvación del hombre tiene que ser no solo ética, como se desprende de la enseñanza de Cristo, no solo intelctual, como se desprende de la enseñanza de Swedenborg; él dice directamente: “The fool shall not enter heaven be he ever so holy” (por santo que sea el imbécil no llegará al cielo, o el tonto no llegará al cielo). Y en otra sentencia “Marriage of heaven and hell” (matrimonio del cielo y del infierno), dice: “put off holyness and put on intellect”, es decir, despójese y sea inteligente (ríen ambos).

Ahora, según Blake, hubo también una enseñanza estética de parte de Cristo; esa enseñanza era, ante todo, una enseñanza literaria, y eso está dado por las parábolas de Cristo, que son piezas literarias; piesas que no han sido imitadas. Yo pensé, días pasados –voy a confiarle este proyecto mío, quizás Ud. pueda ejecutarlo, yo ciertamente no puedo- ; vendría a ser la máxima ambición para un escritor -los escritores suelen ser muy ambiciosos- , algo mucho mas ambicioso que escribir, bueno, la obra deliberadamente oscura de Góngora o ese bastante injustificable laberinto, The finnegan´s wake (el velorio de Finnegan), de Joyce; sería ésta: sería escribir un quinto Evangelio. Ese quinto Evangelio podría predicar una ética que no fuera la de los otros Evangelios. Pero, lo más difícil no sería eso; lo más difícil sería inventar nuevas parábolas, dichas a la manera de Cristo, y que no estuvieran en los otros cuatro Evangelios.

F -Prolongar de alguna manera…

B -Ahora, quizá, para no usar otra similitud, convendría repetir alguno de los otros Evangelios, y hasta podrían buscarse pequeñas variantes. Si un escritor lograra hacer eso, sería algo mucho mas extraordinario que el Así hablo Zaratustra de Nietzsche; ya que vendría a ser, bueno, habría que crear obras de arte, abría que crear arriesgadas metáforas, no menos extraordinarias que las que se predicaron en Galilea. Sería un libro,  un escritor tendría que dedicar buena parte de su vida a la meditación, y luego a la redacción del libro. Y ese Evangelio podría tener unas treinta páginas, y sería uno de los libros más extraordinarios y si ese libro tuviera suerte, irían imprimiéndole junto con los Evangelios del Nuevo Testamento, y llegarían a ser parte del canon también. Pero, es un proyecto muy ambicioso, y Ud., Ferrari, pueda quizá ser –yo, desde luego, soy un hombre viejo, muy cansado- ; pero entreveo esa hermosa posibilidad literaria, más hermosa que la posibilidad de hacer libros con metáforas nuevas, porque esas metáforas tendrían que ser parábolas, enseñanzas, que no desmerecieran de las ya inmortales y famosas del Nuevo Testamente.

F -Su propuesta coincide con una propuesta de Kierkegaard, que dice que ser cristiano equivale a convertirse en contemporáneo de Cristo.

B -Bueno, y eso vendría a coincidir con el título del libro de Kempis, De la imitación de Cristo.

F -Ah, claro.

B -Claro, vendría a ser parecido, pero esta sería una linda tarea, y, a lo mejor, mientras yo hablo ya hay alguien en el mundo que esté ejecutándola.

F -Probablemente.

B -Porque sería muy difícil que a alguien se le ocurriera algo nuevo; en todo caso, eso no sucederá nunca: esto que se me ha ocurrido a mi; ya se le ha ocurrido a otro; sobre todo a otros a quienes he leído. Pero, en ese caso no, un nuevo, un quinto Evangelio sería una linda tarea, y eso no tendría por qué discrepar de los cuatro anteriores; podría a veces coincidir con ellos, en otras discrepar, para mayor agrado, para mayor sorpresa, para mayor verosimilitud del texto. Ahora, que raro, por ejemplo, que la fe cristiano condene el suicidio.

Sin embargo, si los Evangelios tienen sentido, la muerte de Cristo fue voluntaria, ¿Qué sacrificio es ese?

F -Podríamos pensar lo mismo de la muerte de Sócrates.

B -Si, pero en el caso de Sócrates yo no creo que él dijera que él moría por la humanidad, pero en el caso de Cristo sí. Y si él moría, moría libremente. Ahora, hay un poema anglosajón, del siglo IX, que se titula “El sueño de la cruz”; y el sueño de la cruz, Cristo, que aparece no como el doliente Cristo de las telas de El Greco, sino como un joven héroe germánico, llega voluntariamente a la cruz; trepa a la cruz, porque quiere salvar a los hombres, y cuando se habla de él se dice: “ese joven héroe, que era Dios todopoderoso”. Es decir, hay la idea de un sacrificio gozoso y voluntario, no de una pasión sufrida, de un Cristo, bueno, doliente como el de las telas de El Greco; no, el joven héroe que se hace clavar en la cruz o que trepa a ella. Y he leído en alguna nota sobre ese poema, “El sueño de la cruz”, que hay ilustraciones medievales, en que se ve la cruz ya erigida, ya de pie; y Cristo que sube por una escalera, como indicando que lo hace deliberadamente. Es decir, todo lo contrario, bueno, lo contrario del Gólgota, de los azotes…

F -Por eso le decía que hay algo parecido en la aceptación de la cruz por Cristo y de la cicuta por Sócrates.

B -Es cierto, sí.

F -En la actitud de aceptar.

B -Y, desde luego, parece que son las muertes más recordadas de la historia, ¿no?.

F -Probablemente, claro. Ahora…

B -La conversada muerte de Sócrates, y la muerte de cristo, que esta un poco asombrado de su destino, ya que su parte humana dice: “Señor, Señor por qué me has abandonado”.

Pero luego, le dice al ladrón: “Esta noche estarás conmigo en el paraíso”; y el ladrón acepta aquello. Yo he escrito un poema, bueno, tantos han escrito poemas sobre Cristo y sobre el ladón que desde la cruz vecina que acepta que cristo es Dios.

F -Sobre Barrabás y Cristo.

B -Sí.

F -Ahora, a mi me pareció siempre ver, Borges, que para Ud. el arquetipo, el modelo del hombre, sería el arquetipo del justo.

B -Yo trato de ser justo, pero, desde luego, no espero, bueno, como Spinoza, yo no espero ninguna recompensa y no temo ningún castigo.

F -Claro, pero el arquetipo del justo es, precisamente, el arquetipo de la ética.

B -Sí, claro, es que yo me he criado oyendo los Evangelios… creo que son los libros mas extraordinarios del mundo ¿eh?; los cuatro Evangelios. Y el último ya tiene un carácter distinto, un carácter, así, intelectual, ¿no?, cuando habla del verbo, por ejemplo.

F -Ahora, la ética de Cristo y la ética de Sócrates… en cristo se trata de una ética religiosa y en Sócrates de una ética profana; sin embargo, yo diría que coinciden en lo fundamental: en el ideal del hombre justo.

B -Sí, pero en su concepto del mundo no. Bueno, y es natural que sea así, claro, porque supongo que Cristo sería un judío… y, quizá bastante ignorante; y Sócrates vivó en ese intenso ambiente intelectual, quizá no igualado nunca de Grecia. Digo, Sócrates según parece, pudo conversar con Pitágoras, con Zenon de Elea, y con Platón; que, según Bernard Shaw, lo inventó. En cambio, Cristo, bueno, con los discípulos. Ahora, Nietzsche dijo que la religión cristiana era una religión de esclavos; y Gibbon dijo de un modo indirecto y quizá más eficaz, lo mismo, cuando dijo: “Debe maravillarnos, que Dios, que hubiera podido revelar la verdad a los filósofos, lo reveló a unos pescadores ignorantes en Galilea”. Que viene a ser lo mismo, ¿no?, viene a ser la misma idea, pero, dicho de un modo, bueno, más cortes y más insidioso.

F-“El espíritu sopla donde quiere”

B-Sí, es el espíritu que sopla donde quiere, sí. En ese caso, sopló por, bueno, por esos pobres hombres.

F -Ahora, parece irreal por momentos, aunque con Ud. menos hablar de la figura de Cristo como de una figura histórica.

B -Yo creo que no hay ninguna duda, por que si no habría que suponer, digamos, cuatro dramaturgos, muy superiores a todos los demás dramaturgos y a todos los demás poetas del mundo, creando esa figura. Ahora Shaw creía, Bernard Shaw hablaba de la sucesión apostólica, y hablaba de, bueno, los trágicos griegos habían creado los mitos griegos; luego, los evangelistas habían creado la figura de Cristo; y ya anteriormente, Platón habría creado la figura de Sócrates. Y luego, según él, Boswell habría creado a Jonson, y él, Bernard Shaw, e Iisen, habrían heredado la suceción apostólica del drama como creador de personajes. Pero, es una de las bromas de Show.

F -El mundo como teatro.

B -El mundo como teatro, y los dramaturgos como…  

F -Como demiurgos.

B -Como demiurgo a como proveedores de la historia universal.

F -La otra figura, a la cual a veces cuesta verla históricamente, como cuesta con Cristo, es a Platón; yo creo que más lo imaginamos que nos lo representamos a Platón.

B -Es como Platón se ramificó en tantos personajes, y entre ellos Sócrates, parece que él mismo estuviera un poco borrado por sus criaturas. Un caso menor vendría a ser el caso, bueno, no se si uno se imagina a Dickens o si uno se imagina a los personajes Dickens. Creo que Unamuno ha dicho que Cervantes es arto menos vívido que Alonso Quijano; que Don Quijote. Es decir, el creador borrado por su obra. Y en el caso del mundo, quizá tengamos una impresión mas vívida del mundo, que del Dios del primer capítulo del Génesis, ¿no?.

B -Claro, pero también podría pensarse que los hombre creen en una religión o en una mitología según en clima espiritual o mágico en que estén inmersos. Por ejemplo los griegos pudieron haber aceptado las ideas de Platón en su momento, porque en la vida griega la poesía era una forma de la realidad que vivían.

B -¿A ud. le parece que es mas difícil ahora?

F -Y de la misma manera, la conjetura; bueno, esta conjetura no es mía sino de Murena; decía que los contemporáneos de cristo pudieron haberlo visto, reconocido según tuvieran los ojos abiertos a semejante realidad. Es decir depende de que en ese momento histórico haya, entre los hombre un cierto clima como para percibir las cosas.

B - Ud. dice un clima de credulidad o de percepción, mejor dicho.

F -Claro un clima espiritual probablemente.

B -Sí, yo tengo la impresión de que casi todo el mundo ahora vive, bueno, como si no vieran; que hay como una… no se, se han abotagado los sentidos, ¿no? Tengo esa impresión ¿eh?

F -Se han abotagado los sentidos espirituales, en todo caso.

B -Sí, que no se sienten las cosas, la gente vive de oídas, sobre todo, repiten fórmulas pero no tratan de imaginarlas; tampoco sacan conclusiones de ellas. Parece que se vivera así, recibiendo, pero recibiendo de un modo superficial; es como si casi nadie pensara, como si el razonamiento fuera un hábito que los hombres están perdiendo.

F -Sí, y sobretodo, la inteligencia espiritual de las cosas; a los sumo se usa la lógica, pero nada más. Y ene l mejor de los casos.

B -Sí, en el mejor de los casos, ya que eso parece difícil también; que la gente razone.

F -Católicos o protestantes, creyentes o no creyentes; yo creo, Borges, que la figura de Cristo es aleccionadora y útil siempre.

B -Sí, y no ha sido sustituida, porque el proyecto de Nietzsche de reemplazarlo por Zaratustra ha fracasado, bueno, famosamente, pero ha fracaso, desde luego.

F -Los proyectos de Anticristos.

B -Y sí, también todos ellos. Bueno, Zaratustra sería uno de los más ambiciosos. Desde luego que ha fracasado ya que nadie puede pensar en Zaratustra, en su león que ríe, en su águila, en su cueva; todo eso es evidentemente una broma, no diría una broma pero con una afección literaria bastante torpe ¿no?.

F -Sí, es decir, aquel que dijo “Dios ha muerto”, no ha logrado reemplazarlo.

B -No, parece que no: esa voz que se oyó diciendo que Pan había muerto. Parece que no ha sido reemplazado.


 Diálogos realizados en la Radio en el año 1984. Publicado por Editorial Sudamericana año 1999. “Reencuentro: diálogos inéditos” Jorge Luis Borges - Osvaldo Ferrari.

*Poeta y ensayista, nació en Buenos Aires en 1948. Licenciado en periodismo y profesor universitario, vivió fuera del país durante diez años, en Canadá, Italia, Suiza y España. Mantuvo diálogos por radio con diversas figuras de las letras y la cultura en general.

  

16:52 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

Sq: Leonardo Vera


EL CAMPO CONCEPTUAL DE LA TRANSFERENCIA 

 por Leonardo Vera


(II Jornadas Nacionales de CONVOCATORIA AL PSICOANALISIS)


“Este concepto dirige la manera de tratar a los pacientes.

Y a la inversa, la manera de tratarlos gobierna al concepto”.

Jacques Lacan

 

En Convocatoria al Psicoanálisis hemos leído detenidamente el escrito de Jacques Lacan: “Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache: Psicoanálisis y estructura de la personalidad”. Por la vía histórica, me remitía al Libro 8 El Seminario: “La transferencia” donde Lacan comenta la publicación de ese escrito en 1960.

La fecha de la discusión entre Lagache y Lacan -anterior a su publicación- indica el momento en que Oscar Masotta irrumpe en el psicoanálisis. En el artículo: "La fenomenología de Sartre y un trabajo de Daniel Lagache" (Conciencia y estructura: 1959), Oscar Masota en una nota escribe su nombre por primera ves en Argentina, lo llama  “el recelado Jacques Lacan”. Señala, la separación de los analistas en torno a la formación, para unos: el control científico y la habilitación médica de la institución debían marchar juntos. Para los otros, las cuestiones teóricas y de organización, planes de estudio, nuevo Instituto, la definen. Y razones filosóficas descubiertas por Masotta; positivismo de un lado y virulencia crítica (social) del psicoanálisis, por el otro.

El giro de la técnica analítica a partir de los años '20 en Freud, da origen a una controversia que podríamos rastrear hasta la actualidad.

Parto de una cita a dilucidar: “Nuestro modelo muestra que es tomando como punto de referencia I como enfocará el espejo A para obtener entre otros efectos tal espejismo del Yo Ideal. Es ciertamente esta maniobra del Otro que opera el neurótico para renovar incesantemente esos esbozos de identificación en la transferencia salvaje que denominamos neurosis de transferencia.”

Esa maniobra, qué es? Comencemos por cómo Freud descubre la transferencia. Tenemos tres puntos a desarrollar: -el descubrimiento de la transferencia, -el giro en la concepción de la técnica, y -la formación de los analistas.

 

El descubrimiento de la transferencia:

La sugestión del tratamiento hipnótico, es el antecedente del concepto transferencia. Dice Freud: “la cordial y optimista confianza del médico, trasferirá su convicción de que la neurosis no es peligrosa y que el paciente curará rápidamente”. En la primera mención de término, un truco hace “posible curar contracturas sí se consigue producir una trasferencia por medio de un magneto. Con una trasferencia repetida, la contractura se debilita y termina por desaparecer.” (1888), texto que nunca publicará en vida. En la autobiografía, da otros detalles:

“Un buen día hice una experiencia que me mostró bajo una luz brillante lo que venía conjeturando desde tiempo atrás. Me encontraba con una de mis pacientes más dóciles, en quien la hipnosis había posibilitado notabilísimos artilugios; acababa de liberarla de su padecer reconduciendo un ataque de dolor a su ocasionamiento, y hete aquí que al despertar me echó los brazos al cuello. El inesperado ingreso de una persona de servicio nos eximió de una penosa explicación, pero a partir de entonces, en tácito acuerdo, renunciamos a proseguir el tratamiento hipnótico. Me mantuve lo bastante sereno como para no atribuir este accidente a mi irresistible atractivo personal, y creí haber aprehendido la naturaleza del elemento místico que operaba tras la hipnosis. Para eliminarlo o, al menos, aislarlo, debía abandonar esta última.”

Luego; Anna O., con su amor por Breuer, (creador del método catártico), hará que éste abandone todo, y corra a los brazos de su mujer. Pues bien, el hecho de que Breuer interpretara que los sentimientos eróticos iban dirigidos a él, en tanto que Freud elabore el concepto transferencia, revela la diferencia que hay entre el intelecto corriente y el genio.

La presión de la mano sobre la frente, es el paso intermedio a la asociación libre, que fundará la técnica del psicoanálisis. El método de la presión, conserva algo del forzamiento para impulsar la asociación, (diferente a la espera de la “representación meta”, por asociación libre). La transferencia es el resultado de la aplicación del método de la asocian libre y de la posición de escucha silenciosa, es el secreto de la transferencia, y su fundamento.

En el epílogo de Dora, Freud reconoce no haber considerado el desarrollo de la transferencia. Serán allí “las transferencias”, formaciones de pensamiento inocentes, reediciones, productos del rememorar y del revivenciar en la cura lo que asocia un elemento cualquiera con la persona del psicoanalista. La última creación de la enfermedad, tan necesaria como ineludible si se acepta que no es el método lo que cura, sino la persona del analista. Lo que con Jacques Lacan decimos así: el analista es la producción del inconsciente en el sujeto.

Cobra importancia el tiempo en su valor significante, su efecto retroactivo. Pero, es como resistencia (el obstáculo a la continuación del tratamiento, su interrupción) lo que ilumina el campo de la transferencia. La transferencia positiva o negativa, tierna u hostil, su tonalidad afectiva son las señas imaginarias, que visten y actualizan los puntos de resistencia, es algo reprimido que se repite. Llegamos así a la transferencia como repetición: en tanto satisface la resistencia. Dice Freud  (“Recuerdo, repetición y elaboración” en 1914):

“No tardamos en advertir que la transferencia no es por sí misma más que una repetición y la repetición, la transferencia del pretérito olvidado, pero no sólo sobre el médico, sino sobre todos los demás sectores de la situación presente. Tendremos, pues, que estar preparados a que el analizado se abandone a la obsesión repetidora que sustituye en él el impulso a recordar…”.

Recapitulemos; tenemos tres formas de transferencia: sugestión, resistencia y repetición.

La transferencia ligada a la repetición, como compulsión de repetición. Liga la repetición a la pulsión de muerte, señalando el límite de la terapéutica (“Más allá…” 1920). Reacción terapéutica negativa, necesidad masoquista que no puede ser removida por interpretación. Pero la verdadera sorpresa, que anuda estos tres órdenes, su pivote, se revela en el amor de transferencia. Fenómeno parasitario, que afecta toda la vida del paciente, y que Freud sitúa como una nueva patología. “La puesta en acto de la realidad (sexual) del inconsciente” nos dice Lacan.

Cuarto modo de la transferencia en Freud, la neurosis de transferencia, enfermedad artificial bajo la cual los síntomas adquieren una nueva significación. Es la Ubertragung Bedeutung, la “significación de transferencia”, que resuena bajo el campo conceptual de la transferencia.

Retomemos la cita: es como transferencia salvaje que se proyecta una identificación. Intencionalidad simbólica, que comporta un obstáculo imaginario: cada vez que el analista se presta al objeto de la identificación, está al límite de pagarlo con la transferencia negativa (en su eje imaginario).

Si Freud presenta este recorrido con toda su riqueza descriptiva, la operación de Lacan será despejar su estructura simbólica lo que la hace posible, eso transfenoménico que despeja en el significante: Sujeto supuesto al Saber.  Su fundamento, un supuesto que opera en el saber y que se encarna en un sujeto o en el saber. Un sujeto supuesto en el saber o un saber sujeto a una suposición, así gira, es el pivote estructural de la transferencia.

Ahora bien, no llega hasta allí sino poniendo en duda a Freud, al desuponerle su saber, y tomar en consideración la transferencia negativa en su disparidad respecto del amor (el amor se dirige a la imagen, en tanto que el odio -única pasión lúcida- se dirige al ser, nos dice). La fuerza de la transferencia negativa es proporcional a la profundidad alcanzada por el proceso de reconocimiento simbólico. Cuando a Lacan le preguntan cuál es su transferencia con Freud, lo dice claramente: es una “transferencia negativa”. Y es en la crítica a la contratransferencia, dónde reconoce el desvío de sus contemporáneos, la rectificación que nos brinda.

El giro en la concepción de la técnica:

En Argentina los antagonismos entre Lacan y Lagache, ya están presentes en la nota de Masotta. Lacan, es el que “destaca la vertiente material de la palabra, como imagen acústica” y Lagache, el analista capaz de objetivar el “yo”. “Desprenderlo de su neurosis, a la que se aferra como a la imagen ilusoria de su yo”.

Ambas posiciones; respuestas a la corriente nortemericana, que sitúan el par transferencia-contratransferencia, en el aquí-ahora. Dos cuerpos en situación que reducen la palabra al fracaso en la comunicación, conservando la extraña conexión de inconsciente a inconsciente…

Teorizan la personalidad, y asignan una función autónoma al “yo”, encargado de la síntesis. El “yo” objetivado por el analista en el vínculo transferencia-contransferencia: lo que el paciente despierta en el analista es lo comunicado como interpretación. La contratrasferencia hará posible levantar la resistencia, siempre que el analista esté “analizado”. Es deducir, a partir de su contratransferencia, lo implicado en la transferencia que lo atraviesa.

En el debate en torno a la liquidación de la transferencia se coloca la contratransferencia. Lagache responde; ubicando el obstáculo en la oposición “repetición de la necesidad” y “necesidad de la repetición”, por fuera del psicoanálisis en el efecto Zaigernik, el bucle cierra en el objeto de la pura necesidad. Otorga también al paciente la capacidad de producir contratransferencia, dobla la apuesta. Las corrientes circulan en forma independiente, sin confundirse. Transferencia y contransferencia, conmutador que hace posible la intersubjetividad.

En 1951, Lacan ya criticaba la reducción del psicoanálisis a la psicología, y sitúa al analista como dialéctico de la verdad en el manejo en la transferencia. Lagache; en su afán de hacer de la palabra, sistema, Gestalt, llena los casilleros vacíos. Dirige a Laplanche y Pontalis en la elaboración del diccionario. El juego intersistémico e intrasistémico entre instancias, completa una subjetividad estructural, y llega hasta la paradoja  -error de toda sicología- objetivar el sujeto.

Jacques Lacan; ve por el contrario en la transferencia, la negación de toda intersubjetividad (y a ésta en un frágil equilibrio imaginario). En el uso abusivo de la contransferencia capta el error fecundo, la verdad producto del error: la denomina “transferencia en espejo”. Visible sólo por la palabra (Espejo), en su función simbolizate, (no es ahí la fase del espejo).

Monta su modelo explotando la metáfora óptica freudiana, máquina de diseccionar las instancias psíquicas: yo-ideal e Ideal del yo, puestas en tensión bajo transferencia.

La confusión nos dice; tiene su origen en la mala lectura de Freud, en particular del capítulo VIII de “Psicología de las masas y análisis del yo” y en algunas frases de “El yo y el ello”,  donde Freud distingue la identificación consecutiva a la pérdida del objeto (la pérdida del objeto produce la introyección del yo, alterándolo) y un resto; la identificación, por la cual el objeto es colocado en el lugar del Ideal del yo. Es en el capítulo VIII, dónde Freud hace de la identificación recíproca (que producen los organismos del tipo iglesia o ejercito) un objeto que colocado en el lugar del Ideal del yo, los liga por “transferencia”. Son identificaciones reciprocas en las que se resigna un objeto y se introyecta el “yo”, sufriendo éste una transformación.

La otra confusión, parte de la teoría narcisista del amor en Freud. En “Introducción al Narcisismo”, el Ideal del yo y el yo ideal, sirven a los fines de diferenciar libido del yo, de líbido de objeto, (en contraposición a las pulsiones de auto-conservación y pulsiones sexuales, de la vieja teoría). Con la pulsión de muerte, estas instancias anclan en la pulsión, por un objeto perdido (es el giro de los años '20). La teoría narcisista del amor recibe una inercia adicional, un punto ciego, que se vuelve brillante en el significante espejo de Lacan, objeto que la lógica despejará.

Lo que traducido a la teoría sobre la técnica quiere decir: no es que el analizante ame al analista, sino que quiere aparecer amable ante sus ojos, desea hacerse amar por él, y se coloca perdido como objeto, pone al analista en el lugar de su Ideal del yo. Se identifica a él, para desde allí contemplarse como yo ideal (es la vieja identificación proyectiva kleiniana, superior al concepto de contratransferencia). No gana nada en la situación, cuando en contratransferencia, imagina ese lugar para interpretarlo/se. El analista debe señalar el objeto de la identificación, desde el más allá de la identificación al Ideal. En silencio debe llamarse a ese objeto: objetar y no objetivar. Convocar ese lugar del Otro, que la palabra produce e instalar: A (la imagen que despejó en la figura del giro) no la cara de especulación.

El Otro del lenguaje en su función tercera, y el analista a distancia de ese lugar. Diferente a la maniobra del Otro que opera el neurótico al desplegar sus identificaciones. Si en el intento por comprender nos reducimos ese otro, como semejante con el que se identifica, la pulsión degradará en libido agresiva o en pasión amorosa, la indiferencia analítica. Es por eso que Lacan sitúa a “la transferencia negativa” en el origen del drama analítico. Y es por eso que la maniobra que opera la orientación lacaniana no es amable.

En la metáfora óptica, el giro del espejo (A, el lugar del Otro) es maniobra de inclinación del analista ante el ideal del yo. Lugar desde donde el sujeto se contempla, no ya objetivado, sino dividido y fragmentado por sus imágenes acústicas. El análisis termina,  si reduce los ideales, yendo mas allá de las identificaciones, y formula los dos modos de relación al goce: la forma Φ(a) del deseo masculino y A (barrado)φ, del deseo femenino.

 

La formación de los analistas:

¿Cómo trata las consecuencias de su giro del año '20, Freud? ¿Cómo se resuelve la formación de los analistas? En 1926 la estrategia de Freud (estrategia es transferencia en Lacan) es introducir, bajo el tema de los profanos, la división entre psicoanálisis terapéutico y psicoanálisis científico. Dice; que la terapéutica tiene efectos limitados (cualquier analizado puede ser analista), que las preocupaciones terapéuticas ganan terreno a las científicas: “Solamente quiero estar seguro de que se impedirá a la terapéutica matar a la ciencia.” El psicoanálisis tiene un medio más desde donde abordar el malestar si fracasa como terapéutica. “Entendamos la paradoja, -dice Eric Lauren- no se trata de enseñar psicoanálisis, sino más bien de un tipo de cura, una por una, con la finalidad de trasmitir a otros el aporte del psicoanálisis a la civilización, algo así como una transferencia de trabajo.”

Sin detenerse en el deseo de curar, lo importante es curarse, para trasmitir un deseo. El deseo de trasmitir la verdad que el psicoanálisis despeja.

La inserción del analista como hombre de la cultura, que fracasó para la sociedad médica de EEUU., y que triunfa en el reconocimiento de una psicología universitaria, que se hace tolerante al deseo de curar, pero dejando un resto: oponer lo individual a lo colectivo. Freud continúa por su vía cultural, antropológica y con su muerte no se disuelve la transferencia al psicoanálisis inventada por él.

Lacan; sin embargo, constata en Francia que la pendiente se inclina por la terapéutica y denuncia el psicologismo. Rectificar a los analistas en 1951; modifica su técnica para los didácticos con la sesión breve. Lo había explicado ante la Sociedad Psicoanalítica de París (SPP), de la cual era titular. Modificaciones desaprobadas por sus colegas y entonces, la crisis. Convence a Marie Bonaparte quien hace sus alianzas, defendió a los no-médicos, se unió a Lacan y a Lagache en oposición a Sacha Nacht, presidente de la Sociedad.

En 1952 Lacan se impone, es elegido para suceder a Nacht en la presidencia de la Sociedad. En ese contexto se redactan los estatutos del nuevo Instituto. Pero Lacan omitió conservarle a Marie Bonaparte sus funciones honoríficas, no consideró la transferencia con los Freud. Esta cambió entonces de bando, y apoyó a Nacht en un arranque de autoritarismo.

Los alumnos exigieron el respeto de los compromisos; se discutió el  reconocimiento de sus análisis didácticos, sus controles, de su calidad de analistas… y «aunque Lacan no había inspirado el conflicto, era responsable de él por el solo hecho de su existencia» se dijo. Las modificaciones introducidas por Lacan en la técnica habían abierto una brecha en el edificio de la jerarquía.

Entonces su estrategia revolucionaria en la formación de los analistas llevará el nombre de «pase». La invención de un procedimiento de testimonio y jurado. El pase; coherente con un planteo teórico concerniente al objeto en el amor y, sus consecuencias en el deseo al final del análisis.

Recapitulemos: primero sitúa la transferencia como punto muerto de la dialéctica imaginaria, que produce interrupciones lógicas que lee en el registro de lo simbólico. Luego es con el significante del S.s.S. como pivote de la transferencia (su estructura simbólica), que acentúa su referente en el objeto a y hace del analista una función de ese objeto. Lo que lo llevará a decir: “la certeza del analista en lo concerniente a lo inconsciente no puede ser extraída del concepto de transferencia.” (1964) O también: “La transferencia no es nada real en el sujeto”.  Y finalmente el pase. Si un análisis concluye con la identificación del analizante al analista, (o a los ideales del analista) se desconoce el pase. Será otro analista, pues dice: «Quiero poner a no-analistas en el control del acto analítico.» No quiso que su Escuela sea como las Sociedades, una casa de retiro para veteranos, con una producción «tan estancada, incomible, una teoría cada vez más regresiva, incluso involutiva en el sentido de que evoca la menopausia…» «¿Por qué en psicoanálisis no se ha visto nunca la invención de jóvenes?», añade.

Arriesgaré un invento: si cuando Lacan describe el psicoanálisis con sus símbolos lógicos de objeto a, i(a), I (A), S.s.S, etc. Concretamente cuando introduce el $ ese barrado para el sujeto, elimina la bisexualidad constitucional freudiana, se realiza una desexualización en la teoría psicoanalítica. La trasnferencia ¿Es una excepción a esa subversión lacaniana, al conservarse sin rasgo sexual, tanto en Freud como en Lacan? Introduzcamos entonces; una transferencia macho, y una transferencia hembra, en psicoanálisis (es un chiste que escuché por ahí...) una reconocida mutación de la transferencia.

Alguien dijo que antes el psicoanálisis era un discurso de hombres que pretendía hablar de mujeres, con un lenguaje científico. Y que luego pasó a ser; un discurso de mujeres, que hablan de las pretensiones científicas de los hombres… Y ahora, vemos la cosa ir más allá: un discurso de mujeres científicas, que hablan de las pretensiones de algunos hombres… Queda por advenir un psicoanálisis de hombres para hablar de las mujeres científicas pretenciosas… Porque así, podríamos llegar a un discurso de hombres y mujeres, sobre las pretensiones de la palabra en el campo del lenguaje.

En Barcelona se dice simplemente, según comenta Vicente Palomera: “Dime como te la arreglas con tu síntoma y te diré la transferencia que despiertas en los otros”.


Bibliografía:

Conciencia y estructura. Oscar Masota. : "La fenomenología de Sartre y un trabajo de Daniel Lagache" en Nota 15 (p.39). Ed. Jorge Alvarez. de 1969.

Escritos 2. p. 659. Siglo XXI. Ed 1985.

De esto se puede deducir que las reglas de la técnica del psicoanálisis, es una sugestión al revés, como dice Lacan en: El Seminario, libro 11.

Histeria (1888) «Hysterie» Cap. La terapia de la neurosis.

Ídem.

Presentación autobiográfica. (1925 [1924]) p.376. Tomo XX. Amorrortu Ed.

Recuerdo, repetición y elaboración  1914. Tomo III Ed. Biblioteca Nueva

Ver: La transferencia negativa, Jacques-Alain Millar ed. Tres Haches. año 2000.

“Saber del a contratransferencia y saber del inconsciente”, Ciudades analíticas. Eric Laurent. Ed. Tres Haches.

Ídem.

Jacques Lacan. El Seminario, libro 11: los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Clase10. Presencia del analista.

Ídem.

Ver: Las estrategias de la transferencia en psicoanálisis. IV Las falsas conexiones. Ed. Manantial VII encuentro Internacional del campo freudiano. Caracas 1992.

Ídem. Nota 8.


  

16:41 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {11} - publicar comentario

Emilio Vascheto


El malestar en la psiquiatría


por Emilio Vaschetto

Psicoanalista. Miembro del Centro Descartes

Médico psiquiatra del servicio de salud mental del htal. Central de San Isidro.

Vicepresidente del capítulo de epistemología e historia de la psiquiatría de la ApsA.


Tal es el título con el que se organizó el curso del Capítulo de Epistemología e Historia de la Psiquiatría en el Congreso Argentino de la Asociación de Psiquiatras Argentinos realizado a fines del mes de abril de este año.

La intención que transmite el acápite es intentar problematizar la disciplina desde diferentes ángulos (político, epistémico, ideológico y social) en una época donde la disolución de los discursos hegemónicos, el relativismo moral y la pérdida de las coordenadas de los individuos en una ciudad, ponen en riesgo las condiciones de posibilidad desde donde desarrollar la práctica misma.

A su vez, desde el punto de vista intrínseco, la psiquiatría misma se gesta en un malestar constitutivo, dado por la incertidumbre sobre la causa del sufrimiento llamado psíquico y su acercamiento, siempre asintótico, a la ciencia médica.

La ilusión de un lenguaje científico en psiquiatría, un esperanto psiquiátrico (tal como se auguraba desde los manuales de clasificación), al igual que el uso pragmático y abusivo de la técnica, amenaza con la disolución de ese espacio tan singular donde el arte y la pericia se encarnan en la presencia del clínico.

El corpus semiótico y psicopatológico heredado de los maestros, ese savoir faire perimido por los algoritmos de decisión, se enlaza con una estética muy particular; es decir una narrativa de “bellas formas” (ora descriptivas ora analíticas) en solidaridad con las lenguas autóctonas: Francia, Alemania, Inglaterra… Es a la luz de un debate enriquecedor donde el saber psiquiátrico se “endogeneiza”, balizando nuestro camino para una lectura local acerca del surgimiento de la psiquiatría en nuestro país. En este sentido, parte de la política de publicación de este grupo de investigadores, es la edición periódica de la revista Temas de historia de la psiquiatría argentina (editorial Polemos), donde, al rescate de fuentes primarias, intentamos escribir una historia de la refracción de los conceptos psicopatológicos en nuestros colegas y maestros ancestros. No se trata de una exhumación de restos, ni de un ejercicio heurístico ni tampoco de homenajes vacíos, sino de una lectura de los acontecimientos que nos enseña cada vez que no hay clínica sin historia, al igual que no hay enunciación en el presente rechazando las coordenadas del pasado.

De tal manera que la recepción de estas ideas y su refracción (por no decir su recepción equívoca) nos ayuda a colegir a su vez las condiciones de posibilidad de la introducción de una práctica tan particular como lo es el psicoanálisis. Vale la pena una vez más, tener en cuenta el extraordinario libro de Germán García La entrada del psicoanálisis en la Argentina (Ed. Altazor 1978)¸ y el rescate en nuestra revista Temas… del texto del mismo año Principios del psicoanálisis con niños.

Volviendo al malestar en la psiquiatría, y al pensarlo desde la interfase psiquiatría/psicoanálisis, -al menos esto es lo que me concierne- podríamos proponer que la psiquiatría es un síntoma. De hecho somos nosotros los psiquiatras quienes lo padecemos. De acuerdo al sentido que le proveamos a dicho síntoma será la ética que guíe nuestro accionar. 


  

15:13 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

Roberto Stazzone


Una reseña histórica del psicoanálisis en Mar del Plata 


Reportaje a: Roberto Stazzone


Graduado en el año 1977 en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, integró diferentes grupos de formación psicoanalítica desde 1972. Fue miembro del Centro de Estudios e Investigación Psicoanalíticos (CEIP) desde 1979 a 1981 inclusive y participó del grupo fundador de “Seminario Freudiano” desde 1982 a 1994. Colaboró durante los primeros años de la fundación y formación de “Convocatoria al Psicoanálisis”. Durante los cinco años que transcurrieron entre  Febrero de 1997 a Febrero de 2002 tuvo a su cargo la Jefatura del Departamento de Salud Mental de la Municipalidad local. Es docente investigador y Director del Grupo de Extensión "Psicoanálisis en Extensión" de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata.


Analiticón: -¿Qué determinó su entrada en el psicoanálisis? Si es que eso se puede decir brevemente…

R:  No suelo hacer esa pregunta a mis amigos o amigas psicoanalistas, ni recuerdo que ellos me la hayan formulado. Tal vez sea porque ya conocemos la respuesta, al haber transitado juntos los tramos iniciales de nuestra formación. Más bien solemos preguntarnos - en algún ámbito de reflexión sobre la clínica - si logramos esa “entrada” en una u otra circunstancia de las curas que nos son confiadas. Al decir de uno de mis primeros “maestros” (aunque pasó mucho tiempo hasta que el Dr. Fernando Ulloa se enterara de su condición de tal), nos preguntamos si logramos “estar analistas” en algún momento de la dirección de un análisis. Ya que se menciona esto de “la confianza entre analistas” y, tal vez adelantándome a alguna pregunta sobre la institución psicoanalítica, diferencio lo privado de lo público, en tanto me parece que suele suceder que esa confianza es más difícil de lograr en el ámbito de exposición pública de nuestras preguntas acerca de esa entrada o ese “estar analista”.

Si lo que, formuladas estas aclaraciones, interesa a la pregunta es conocer las condiciones históricas que me llevaron a frecuentar los grupos de formación psicoanalítica, las instituciones y – lo más importante – mi propio análisis, deberé mencionar la influencia de otro de nuestros primeros maestros, el Dr. Andrés Cabo, quien fue el referente indiscutido del psicoanálisis marplatense por la década de los sesenta / setenta. Era el titular de la cátedra de “Psicología profunda” en la entonces Universidad Provincial y como médico del Hospital Mar del Plata dirigía el servicio de Psicopatología Infanto Juvenil. A partir de él y sus discípulos y compañeros, se transmitía con toda claridad la condición del propio análisis como fundamento de la formación. Lo que, desde muy temprano, aprendimos como único camino cierto hacia el devenir analista.

Por añadidura, en mi caso personal, coincidía también el interés por lo social y lo político que alimentaba toda producción intelectual por aquellas épocas. Se podría decir que, entonces, el “hacer conciente lo inconsciente” freudiano articulaba – para mi - con singular potencia con los ideales de verdad proclamados por la juventud que sostenía el proyecto político que estalló en el Mayo Francés del 68 y en nuestro “cordobazo”, de la que yo formaba parte.

Esto es sólo una parcialidad , digamos “política”, de la cuestión que como bien anticipa la pregunta, no se puede contestar brevemente.

 

A: ¿Cómo fue su participación en la reapertura de la Facultad de Psicología de la Universidad de Mar del Plata?

R: No fue relevante. El primer surgimiento antecedió en varios años mi arribo a la ciudad, a fines de los sesenta. Fui alumno desde el 72 al 77. Si asistí, como muchos otros colegas, a un par de reuniones previas a su re – apertura, con la democracia, para dar mi opinión. A mi me interesaba aportar algo a la inclusión del psicoanálisis en la formación del Psicólogo. Luego, participé un par de años como Coordinador de Grupos de reflexión para el aprendizaje de la psicología y cuando se abrió la cátedra de Introducción a la Teoría Psicoanalítica dejé ese lugar para aceptar la invitación a acompañarlo del Lic. Alfredo Cosimi, que se hacía cargo de la titularidad de la misma, a partir del año 1987. En ambos casos accedí a los cargos por concurso.

 

A: Con respecto al proyecto de Salud Mental en Gral. Pueyrredón; hablo de ese período en el que Ud. participó. ¿Cómo fue su intervención, y las condiciones en aquel momento?

R: Vamos por parte: En primer lugar, nunca se consolidó ningún proyecto de Salud Mental, ni aquí ni el país. Y creo que es una responsabilidad muy fuerte de los analistas colaborar a que alguna vez esto se realice apoyado en ideas que solo el psicoanálisis puede aportar, limpiando a ese proyecto de idealizaciones vanas y costosas que han demostrado no servir para mucho, como la prevención conceptualizada desde el punto de vista médico, común a todos los ministros y del que participan innumerable cantidad de psicólogos.

En segundo lugar, yo solo actué –como queda expresado en el breve esbozo curricular con que encabezamos este encuentro– entre los años 1997 a 2002 en el Departamento Municipal. Este servicio había sido creado 32 años antes por el Dr. Juan Carlos Galé acompañado por su esposa, la Dra. Gloria Rodas -nuestra estimada “Goga”- y un grupo de psicólogas, asistentes sociales, terapistas ocupacionales y fonoaudiólogas.

Eran las épocas del psicoanálisis kleiniano que se sostenía en el entorno de Cabo, junto con el auge de los gobiernos socialistas de Mar del Plata que dejaron, entre otras importantes obras, la descentralización de los servicios sanitarios, la creación de las “salitas” -como se llamaban entonces– hoy Centros y Subcentros de salud, en oposición a la política conservadora de la época que intentaba sostener “el poder hospitalario”, desentendiéndose de las necesidades de la población periférica que ya comenzaba a desarrollarse con el crecimiento de la ciudad.

Para no extenderme demasiado, me referiré a mi experiencia a cargo del Departamento diciendo que acepté asumir esa responsabilidad con algunos pocos objetivos en mente. Uno de ellos era tratar de conseguir la articulación Municipalidad – Universidad. Ese objetivo fue relativamente logrado tras dejar sentadas las bases (redacté el proyecto de convenio y realicé todas las gestiones necesarias) de las residencias que, tras mi alejamiento del cargo, están siendo parcialmente instrumentadas.

Otro objetivo, lamentablemente no logrado, fue tratar de articular las prestaciones y contraprestaciones entre Municipalidad y Hospitales a nivel de Salud Mental. Mi entusiasmo en ese sentido tenía que ver con que había algunos analistas en posiciones importantes en los hospitales. Pero... “estar analistas” no siempre es posible o pertinente cuando uno está empleado del estado, léase: burocratizado, o limitado.  Pese a algunos logros parciales, no hubo éxito.

Finalmente, otro de los objetivos que, si, puedo contabilizar como exitoso, es que pude ayudar a que analistas en formación que estaban o se incorporaron luego al servicio, tuvieran facilitado un ámbito de desarrollo discursivo para el psicoanálisis en el conjunto poli - discursivo propio del campo de la Salud Pública.

Tal vez sea oportuno reconocer que poco de los logros que cuento hubiera sido posible, si la Secretaría de la que dependía Salud Mental no hubiera estado a cargo de un psicólogo en formación psicoanalítica como Marcelo Gabilán.

 Para finalizar con este tema testimoniando de mi experiencia, creo útil expresar que pude apreciar la ventaja más importante para un analista en lugares como ése (como para tantos otros), cual es la posibilidad de transitar por espacios tan espinosos de tentaciones y espejismos de poder, con la libertad que deviene del trabajo analítico con la propia falta. Es decir, pudiendo diferenciar la angustia causada por la cotidiana  y necesaria convivencia con el sufrimiento comunitario, de aquella a que nos ofrece precipitarnos la presunta y permanente amenaza institucional, a través de múltiples enfrentamientos imaginarios que reproduce su rutina.

Por otro lado, un analista dispone de la posibilidad de pensar el psicoanálisis, allí, como otro discurso que puede aportar algo útil a la comunidad.

Al principio me asombraba -luego me divertía- presenciar cómo  se multiplicaban las disputas por diferencias discursivas entre las distintas áreas profesionales, incluida la política. Más tarde me preocupó seriamente, porque esto se convierte fácilmente en trabas a la implementación de acciones que el pueblo necesita y los funcionarios (entendiendo como tales no solo a los jerárquicos, sino incluyendo a los profesionales) neutralizan en esas estériles disputas.

 

A: ¿Por qué el psicoanálisis (en la orientación que le diera Jacques Lacan) en la ciudad de Mar del Plata trascurre en ámbitos informales al estilo de grupos de estudio, o sujeto a las condiciones de la Universidad? ¿Hay algo en particular que resiste a un instituto de psicoanálisis? Para decirlo con los términos de Oscar Masotta. Sin cargar las tintas sobre la dependencia con la Ciudad de Buenos Aires.

 

R: Aquí va a ser necesario extendernos un poco más. Habrá que hacer historia. Cosa de analistas.

Al igual que en el tema del proyecto en Salud Mental, tampoco aquí estoy en un todo de acuerdo con el diagnóstico que sostiene la pregunta.

Es decir, no creo que el psicoanálisis lacaniano no tenga institución en Mar del Plata. Tampoco creo que su estilo pueda disociarse, ni de su historia ni de su relación “geopolítica” con Buenos Aires. Aunque sin cargar las tintas, de acuerdo.

Como no puede negarse el peso histórico de la experiencia del Hospital Centenario para el psicoanálisis rosarino, por ejemplo.

En Mar del Plata, la tendencia fue tradicionalmente determinada por los viajeros. O se iba a Bs. As. a formarse, o se traían docentes de Bs. As. Empezó, si no me equivoco, Andrés Garma en sus vacaciones en Miramar por los sesenta. A partir de eso se constituyó la primera Agrupación Marplatense de Psicoanálisis, con los ya mencionados Goga Rodas, Andrés Cabo, Marta Cabuccio, Chola Martinez, entre otros.

Después le siguieron, como docentes, Luis Hornstein, Enrique Don, Vicente Galli, Antonio Barrutia, etc.

El grupo que formaban Ana Basílico, María Teresa Bertolami, María Teresa Bianchi, Hilda Guida, Susana Liberini (q.e.p.d.), Marta Trevin, Américo Vitale, por nombrar a quienes siguieron sin descarrilar, fundaron entonces el C.E.I.P. (Centro de Estudios e Investigación Psicoanalíticos), acompañados inicialmente por quienes propiciamos, años más tarde, la llegada de Lacan con la enseñanza de Víctor Iunger.

El trabajo de Víctor estimuló generosamente la fundación de “Seminario Freudiano”, lo que se concretó en una Jornada de la que participaron junto a él Silvia Amigo e Isidoro Vegh en 1984.

Fuimos campo fértil al desafío que el discurso lacaniano proponía en esa enseñanza, precipitando una transferencia al texto que determinaba la separación tajante entre las psicoterapias que conducíamos  hasta entonces y los análisis que percibíamos transcurrían en su seno, aunque esa percepción fuese hasta entonces casi intuitiva, sin el suficiente sostén teórico.

Creo que podríamos ubicar una causa de cierta morosidad en el desarrollo histórico de las instituciones en Mar del Plata en la resistencia al texto lacaniano por parte de nuestros anteriores maestros. También estimo que la herencia que nosotros vamos dejando ya está marcada por grandes diferencias en la generación que nos sigue. Nosotros tuvimos que hacer un “retorno” absoluto, arrancándonos de tentaciones a deformaciones psicoterapéuticas que alcanzaban a nuestros propios primeros analistas. Eso no lo han sufrido las generaciones que nos siguieron. Se nota ya en su trabajo y en su propia iniciativa institucional.

Integrábamos el Seminario Freudiano Marta Berardo, Diana Biocca, Silvia Crespo, Liliana Falfani, María Graciela Lauría, Cristina Llorente, Beatriz Markis, Susana Cecheto, Virginia Pezzati, Alfredo Cosimi y yo. Luego se sumó Graciela Fernández. Otros, como Esteban Garvie, Orlando Calo, Liliana Glusman y varios

más, participaban de algunas de nuestras actividades sin ser miembros de la institución.  

Por su parte, el grupo mencionado como fundador de C.E.I.P. constituyó “Encuentro Psicoanalítico” y también nos acompañaban cada tanto, o nosotros a ellos, mientras – a la vez - desarrollaban su propia experiencia institucional con docentes como Macci, Vegh y otros.

Más tarde y en torno a la enseñanza de Francisco González Cobreros algunos amigos analistas formaron la Sociedad Marplatense. Otros fundaron Confluencia. Es decir, hubo varias experiencias institucionales de las que no doy cuenta exhaustivamente, posiblemente me olvide de alguna. Pero no es nuestra intención escribir aquí una historia precisa y detallada.

Tengo informado (y de muy buena fuente), que algo del estilo marplatense se ha transmitido –en ese ida y vuelta a la megalópolis– a intentos institucionales como la Convergencia, por ejemplo. Esa costumbre de juntarse cada tanto los aparentes rivales en un ámbito de producción y festejo común, ha sido una tradición en Mar del Plata. No disfrutaban de lo mismo en Buenos Aires, precisamente, tras la muerte de Masotta. Tal vez nosotros tuvimos la ventaja de no padecer una herencia tan complicada de repartir, compartiendo en cambio –salvo algunas pocas excepciones– relaciones de amistad independientes de la pertenencia grupal o institucional de cada cual.

Posiblemente, heredábamos ese modelo de camaradería de nuestros mayores, los ya mencionados Cabo, Goga, Chola Martínez, Marta Cabuccio, Celia Tiscornia, entre tantos otros, primeros analistas de muchos de nosotros.

Será justo decir, en lo más cercano a mi experiencia, que es recién a partir de la generación que funda Seminario Freudiano, que un grupo de marplatenses se hace cargo de la enseñanza de Freud y Lacan. Queda dicho y conviene repetir que es gracias al estímulo de Víctor Iunger y –agrego- el entusiasmo con que Alfredo Cosimi lo reproduce, que los miembros de Seminario Freudiano nos embarcamos, primero en una serie de conferencias y poco después en un Seminario al que llamé “Textos freudianos” y se me ocurrió presentar a la consideración del grupo para ofrecer un desarrollo sistemático de lectura a los colegas interesados en el psicoanálisis que se iban sumando a la institución. Desarrollábamos entre todos varios módulos de Freud y Lacan en tres años de curso. Los asistentes presentaban trabajos finales en una Jornada ad – hoc, que resultaba ricamente productiva.

También concretamos seminarios con docentes invitados o a cargo nuestro, sobre Topología, Lingüística, Clínica, Institución, paralelamente a los de Iunger sobre Lacan.

Más tarde, Alfredo tomó nuevamente la inicativa, presentándose a concurso para la cátedra de Teoría Psicoanalítica y, de algún modo, podríamos decir que aquel seminario “Textos freudianos” resultó el antecedente de la materia, ya que nos permitió volcar en ella nuestra experiencia. Varios de los integrantes de aquel grupo somos los actuales docentes de la cátedra.

Hasta antes de Seminario Freudiano, solo enseñaban los viajeros que venían de Buenos Aires. La única excepción había sido Marta Cabuccio en un grupo de estudios freudianos que había convocado poco antes de la dictadura militar.

La tarea de los Galé en el – entonces – Cematín (Salud Mental municipal), por su parte, desembocó más tarde en la creación del C.E.M.E.P. como filial local de A.P.A., en la misma época en que se fundaba el C.E.I.P.

Actividades que dieron lugar a muy diferentes posicionamientos en relación al psicoanálisis, será pertinente advertir.

Sobre todo esto hay un par de historias escritas que sería interesante comparar.

De modo que habría que ser cauto a la hora de preguntarse; ¿Cómo se instituye el discurso psicoanalítico en Mar del Plata?

Lo que se responderá desde la historia de esa institución. Sin pretensiones de “instituir”, a su vez, una respuesta definitiva acerca del futuro.

Ya se habrá notado que hablo de “la institución” como un proceso dinámico, no como un edificio que se construye y queda allí, como un monumento a la infatuación de los líderes. Por algo, de tanto en tanto, alguien aparece aclarando que no se propone esa infatuación. Freud diría “Si no hay esa intención (o el temor a ella), ¿por qué negarla?” (La negación . 1925).

Desde Lacan, entiendo “la institución” como institución discursiva, producto del psicoanálisis en extensión, de la obra de los analistas en sociedad. En ese sentido, Mar del Plata viene haciendo su experiencia, aunque no sea tradicionalmente - para algunos - notable “pour la gallerie”. Tenemos obra realizada y trabajo acumulado en muchos años. Trabajo de enseñanza y de transmisión, que no son lo mismo. Que no resuene en tantos ámbitos como ostentan otros lugares del país, no significa que no haya aquí institución. Ni publicaciones. El Grupo de investigación que dirige Cosimi va por su tercer libro (en preparación), tras los dos primeros publicados. Por su parte, Beatriz Markis y más recientemente María Clara Areta han publicado los propios. Muchos de nosotros hemos presentado trabajos en las Lacanoamericanas de diferentes años, y en publicaciones nacionales y extranjeras. Además de participar en distintos congresos y actividades de instituciones del país, especialmente Buenos Aires.

Tal vez no haya “Escuela” declarada como tal. Pero hay varios analistas que “hacen escuela”, a su manera. Y no es de despreciar la que se intenta desde la Universidad, por ejemplo. Es un error conceptual creer que el discurso universitario habita en los claustros. Allí, a veces, es el discurso del Amo – cuando no el de la histérica – el que conduce la política. En cuanto al discurso del analista, terminemos de aclarar, sólo es propio de algunas de esas ocasiones en que alguno de nosotros acierta a aquel “estar analista” a que ya hicimos repetida mención. De modo que mal estaría esperar que habite ninguna “institución”, si no es a riesgo de la infatuación de algún o algunos líderes de la agrupación de que se trate. Esta es la línea de pensamiento por la que – en su oportunidad – no compartí que “Convocatoria” se llamase: “Convocatoria de psicoanalistas”. En cambio propuse: “Convocatoria al psicoanálisis”. Todavía está por verse si algo - o qué - responde a esa convocatoria. Es de esperar que alguna producción de discurso. Y no habría que espantarse que – de tanto en tanto – sea del universitario.

 

A: ¿Cómo ve el paisaje psicoanalítico actual? A nivel local nos lo dijo, pero también hay redes internacionales… Qué nombres cree más próximo al deseo freudiano?

 R: Ya le he nombrado alguno de mis referentes históricos, mis maestros. No hice referencia a Oscar Masotta como tal, aunque mi elección de analista – por ejemplo - fue determinada en relación a su enseñanza, sin haberlo conocido más que por su texto.

Lo que me afirma en la apreciación de que no han sido ellos “referentes” sino que he sido yo “transferente” a su discurso.

No admiro líderes. Prefiero compartir identificaciones al discurso tratando de evitar el fenómeno de masa. Y creo no ser el único. Esta puede ser otra causa de nuestro estilo.

Lacan me resulta cada vez más útil para leer a Freud. Por mi parte, prefiero aspirar a la identificación, en cuanto aquél decía: “Yo soy freudiano”.

De los analistas vivos y actuales, todos me han enseñado algo cuando me dispuse a escucharlos o leerlos. Podría mencionar a Nasio, por ejemplo. En realidad no son muchos.

Mención aparte merecen mis colegas de Mar del Plata, las discusiones de cátedra, los encuentros clínicos, las reuniones que cada tanto nos convocan a compartir experiencia. También y especialmente, las preguntas de quienes se ubican en relación a nosotros como “aprendices”. Hasta algunas reflexiones de los alumnos en los exámenes universitarios, suelen ser causa de renovados aprendizajes para mi.

Para finalizar y en cuanto al panorama local, me parece muy auspicioso estar contribuyendo - aunque sea de esta modesta forma – a un nuevo matiz de la institución del discurso analítico en Mar del Plata, como puede llegar a ser esta publicación.

Creo que los datos de la imperfecta historia que me estimuló a narrar este reportaje, nos muestran alineados por nuestra deuda con Freud, que padeció la genialidad de inventar un corpus teórico capaz de seguir produciéndose a si mismo con el aporte de cada uno de los que nos acercamos a él.


  

14:05 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {1} - publicar comentario

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14:04 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

J. Lamarche


Tres miradas sobre el sujeto:

BADIEU, LACLAU, ZIZEK

por Juan Lamarche (Filósofo de la Unversidad de Mar del Plata)


La presente semblanza presenta a los autores estudiados en un orden elegido en tres dimensiones, alfabético, por edad, en sentido descendente, también en un esquema cuasi dialéctico, ya que el último autor interpreta y relaciona en sus últimos textos a los anteriores. Los tres están en plena producción, ocupan un espacio destacado en el contexto del pensamiento europeo y en nuestro país. Los tres afirman posturas afirmativas sobre el lugar del sujeto, se ubican en la izquierda política y están atravesados en distintos registros por la obra del polémico pensador del psicoanálisis Jacques Lacan.

 


Alain Badiou:

El pensamiento de Badiou esta enhebrado a una noción capital, el acontecimiento. En el contexto contemporáneo no deja de ser novedosa su reivindicación de la filosofía. No acuerda con su muerte posmoderna y rescata en su postura tres conceptos clásicos: el ser, la verdad y el sujeto. Por otra parte, para el autor la verdad es condición de la filosofía en términos de procedimientos de verdad o genéricos. Ellos son cuatro: el matema, el poema, la invención política y el amor. De aquí se sigue que la filosofía tiene como condición que existan verdades científicas, artísticas, políticas y amorosas. Ella no produce verdades. Nunca se podrá decir que un enunciado filosófico es verdadero. Además, en el origen de estos procedimientos de verdad debe haber acontecimiento. Llegamos aquí al nudo del problema. Que haya saberes acumulados, normalizados, no significa que haya verdades. Por el contrario, la verdad agujerea esos saberes estatuidos (Badiou 1990).

Esos lugares conceptuales de la filosofía, para Badiou, tienen una historia plasmada en la configuración de períodos. En cada período, los procedimientos genéricos post acontecimiento se anudan conceptualmente bajo el dominio de uno o más de ellos, determinando un tiempo filosófico. Por ejemplo, en Platón (otra rareza de este pensador es su vuelta a Platón, anti nietzscheana y anti marxista) los procedimientos dominantes son el matema y la política (bajo el rey filósofo), el poema queda relegado y el amor se comprende en términos de belleza. En la modernidad no hay un solo período (aquí se aleja de Heidegger) sino tres, la edad clásica, de Descartes a Leibniz, donde la matemática es dominante. A partir de Rousseau  y Hegel, incluso Marx, es la condición política la que determina el tiempo. Entre Nietzsche y Heidegger, se impone el arte, en especial el poema. (Badiou 1990)

Sin embargo, esa misma historia nos dice que la filosofía se repliega, se bloquea delegando su capacidad de determinación en una sola de sus condiciones, es lo que el autor llama sutura.  Pone ejemplos, la sutura de la filosofía a su condición científica con el positivismo anglosajón, la sutura a la condición política en Marx y posteriormente en el neoliberalismo. Por último, la sutura a la condición poética en Heidegger, Derrida, Deleuze. No se trata de desconocer los acontecimientos de la poesía o la edad de los poetas, Mallarme, Rimbaud, Trakl, Holderlin, Pessoa, Celan que operan como desubjetivadores sino de suturar a la filosofía de un procedimiento único que no le permite expandirse anudando las otras dimensiones genéricas. Los anuncios del fin de la filosofía tienen que ver con estas suturas, a la política con el ejemplo de Fukuyama, a la poesía con la ontología de la palabra poética en Heidegger. (Badiou 1990).

¿Qué papel juega el sujeto en este pensamiento?  En su compleja obra el Ser y el acontecimiento Badiou escribe: “Llamo sujeto a toda configuración local de un procedimiento genérico que sostiene una verdad.” (1999 : 431) A continuación define por negación al sujeto de la metafísica moderna. No es una sustancia, no es un punto vacío, no es una función trascendental, no es un invariante, no es origen ni resultado. Agrega una nota positiva: todo sujeto es calificado “...diremos que hay sujeto individual en tanto hay amor, sujeto mixto en tanto hay arte o ciencia, sujeto colectivo en tanto hay política. Nada de todo esto es una necesidad estructural de las situaciones. La ley no prescribe que haya sujeto.” (1999: 432 )

El sujeto es raro, es posterior al acontecimiento, finito y situado. La subjetivación no es como en Kant o en Husserl un Uno que regula o da sentido, es un Dos que interviene en la fidelidad al acontecimiento, nombra y hace posible una verdad. Siempre el sujeto está ligado a los procedimientos genéricos, es decir hay sujetos científicos, políticos, artísticos y amorosos. Por otra parte, el sujeto cree que hay una verdad y esta creencia o confianza se transforma en un saber.  Dice Badiou:

Que esta creencia tenga la forma de un saber resulta del hecho de que todo sujeto genera nominaciones. Empíricamente, este punto ha sido comprobado. Más explícitamente, podemos asociar a los nombres a los nombres propios que designan una subjetivación, un arsenal de palabras que componen la matriz desplegada de localizaciones fieles. Pensemos en "fe", "caridad",  "sacrificio", "salvación" (San Pablo), o bien en "partido", "revolución", "política" (Lenín), o en "conjuntos", "ordinales", "cardinales" (Cantor), y en todo lo que luego articula, ramifica, estratifica esos vocablos. (1999:438) Los acontecimientos son raros, contingentes, una multiplicidad infinita, innominada, Badiou da ejemplos, el Mayo del ´68, el movimiento Solidaridad de Polonia, la revolución iraní, la revolución china, en la poesía, los heterónimos de Pessoa, Holderlin, Paul Celan, Cantor y Cohen en las matemáticas, la obra de Lacan en el amor, las verdades se van configurando en procedimientos de subjetivación contingente fieles al acontecimiento, militantes. De ahí que podamos decir que el sujeto es eminentemente político, es más: militante. (Badiou: 1999)

El autor concluye de esta manera su Tratado de ontología transitoria:

El acontecimiento surge cuando la lógica del aparecer ya no es apta para localizar el ser múltiple que ella alberga. Nos encontramos entonces, como diría Mallarme, en aquellos parajes de lo vago donde toda realidad se disuelve. Pero también estamos en el  lugar en el que hay una posibilidad de que surja lo real, en un punto tan lejano que un lugar pueda fusionarse con el más allá, es decir, en el advenimiento de otro lugar lógico, brillante y frío, en una Constelación. (2002: 169)

 

Ernesto Laclau

Sí la noción de acontecimiento es la clave del pensamiento de Badiou, en el argentino Ernesto Laclau hay tres nociones que juegan un papel capital: el antagonismo, la dislocación y la hegemonía, mientras que el sujeto desempeña una función mediadora, diríamos, en ausencia. Laclau, de tradición marxista, es de nuestros tres autores el de mayor filiación posmoderna. No desdeña una política de emancipación e inclusive de liberación, pero fuera de marcos totalizadores y utópicos.

El programa de Laclau es eminentemente político poniéndole un nombre: democracia radicalizada. En ese sentido la noción de antagonismo reemplaza a la de contradicción de Hegel y Marx, ya que para el autor ésta se cierra al final en un panlogismo o sustancialismo que puede llamarse espíritu absoluto o sociedad sin clases. La contradicción es un momento interno del sistema, en cambio el antagonismo no está inscripto en ningún proceso de totalización y lo que en él se expresa no es una identidad sino la imposibilidad de constituirla; la negatividad, es en este caso constitutiva y fundante, en este sentido el dogma de la unicidad y racionalidad de la historia debe ser abandonado. La fuerza antagónica cumple dos funciones complementarias, por un lado bloquea la plena constitución de la identidad a la que se opone, por otro lado es puramente relación y no es lo que es al margen de la relación con la fuerza antagónica. Esta relación entre bloqueo a afirmación simultánea de una identidad es la contingencia. Hay una dialéctica de posibilidad/imposibilidad que se juega en los antagonismo particulares pero también en la sociedad. Hay condiciones  de posibilidad/imposibilidad de la objetividad social en términos de sus condiciones de existencia que van a permitir afirmar al autor que la sociedad no existe, en un evidente lenguaje  lacaniano. (Laclau: 1993).

Esa no existencia es explicada con otra noción central, la dislocación. La dislocación es una falta de ser en la estructura social. Las fuerzas antagónicas producen un descentramiento que es estructural. La dislocación es también condición de posibilidad/imposibilidad de la constitución de centros de poder, de hegemonías, noción tomada de Gramsci. Laclau presenta tres dimensiones de la dislocación. La primera es que la dislocación es la forma misma de la temporalidad. En segundo término la dislocación es la forma  de la posibilidad. No en un sentido aristotélico, teleológico, ya que la estructura dislocada no puede proveer el principio de sus transformaciones y en ese sentido abre la posibilidad de rearticulaciones múltiples e indeterminadas.  No es que todo pueda ser posible o que todo el cuadro simbólico desaparece porque esto se produce en una situación determinada o en una estructuración relativa. Y esto abre la tercera de las dimensiones: la dislocación como la forma misma de la libertad. (Laclau: 1993).

Y ahora sí el tema del sujeto. La conclusión del análisis de las tres dimensiones de la dislocación es que ésta es el nivel ontológico primario de la constitución de lo social. Constitución presa de una paradoja irresoluble: hay libertad porque la sociedad no logra conformarse como orden estructural objetivo; pero toda acción social tiende a la constitución de ese objeto imposible y por ende, a la eliminación de las condiciones de la propia libertad. Entender la realidad social no es entender lo que ella es sino aquello que le impide ser. El sujeto se autodetermina no como algo que ya es sino como falta de ser a través de actos de identificación. Hay sujeto porque hay dislocaciones en la estructura. Estos actos subjetivos de identificación o de decisión tienen lugar en un terreno de indecibilidad estructural radical, por lo tanto toda decisión  presupone un acto de poder. (Laclau: 1993 )

 

Slavoj Zizek

El pensador esloveno dialoga en sus obras tanto con Badiou como con Laclau, los interpreta, los relaciona y los critica. Zizek intersecta el pensamiento de Hegel con el de Lacan. Se niega a pensar a Hegel desde un panlogismo (como Laclau) o desde una racionalidad apoyada en un sujeto absoluto. Toma de él el trabajo de lo negativo, la incompletud de las determinaciones históricas, las particularidades que constituyen universalidades precarias, inestables. El autor rescata la noción de universalidad concreta hegeliana, como articulación de una trama de configuraciones particulares que no pueden adecuarse a su concepto. Entre las especies de un género hay siempre una especie faltante, la que encarnaría ese género. Esa precariedad de las configuraciones es analogada a la relación Real Simbólico en Lacan, en la que lo Real marca una grieta, un límite, una falla en lo simbólico, es decir en el lenguaje. (Zizek: 2001)

Zizek interpreta que tanto para Badiou como para Laclau el sujeto es consustancial con un acto político contingente y azarozo de decisión; lo que describen ambos es el proceso de subjetivación, la asunción de la fidelidad al acontecimiento en el primero o la identificación en la universalidad vacía con un particular que la hegemoniza en el otro. El sujeto es el gesto negativo que quiebra las coacciones para abrir el espacio de una subjetivación posible. En cambio para Lacan, el sujeto es un acto negativo (pulsión de muerte) que produce un nuevo significante Amo o una sublimación del orden del ser. Es decir, el sujeto es la contingencia  de un acto que sostiene el orden del ser, que es universal,  aquí la coincidencia con Hegel y su universal concreto. (Zizek: 2001)

Esta diferencia marca también diferencias de concepción política entre los tres pensadores. Zizek critica a Laclau diciéndole que sus hegemonías contingentes no salen del marco del capitalismo, Laclau le pregunta a que figura poscapitalista apunta el esloveno ¿será democrática?. Badiou y Zizek pretenden y creen posible un corte con un capitalismo de viejas y sabidas respuestas, el primero desde una posible afirmación verdadera de una nueva verdad política, el segundo con gestos y acciones contradictorias al sistema, es así como rescata la frase del 68 francés también en código lacaniano: “Seamos realistas, demandemos lo imposible.” ( Zizek: 2003)


Bibliografía consultada:

Badiou, Alain (1999). El ser y el acontecimiento. Buenos aires: Manantial.

Badiou, Alain (1999). San Pablo. Barcelona: Anthropos.

Badiou, Alain (2002). Breve tratado de ontología transitoria. Barcelona: Gedisa.

Laclau, Ernesto 1993). Breves reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo. Buenos Aires: Nueva visión.

Zizek, Slavoj (2001). El espinoso sujeto. México: Paidos.

Butler, Judith, Laclau, Ernesto, Zizek, Slavoj (2003). Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda. México: FCE.


  

02:58 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

Alfredo Cosimi


El discurso médico y los límites del psicoanálisis

por Alfredo Cosimi


  Los intereses del discurso médico, su estructura y sus leyes, regulan las formas en que utiliza el psicoanálisis. Lo cual no impide, o mejor, incita a los psicoanalistas a juzgar esas aplicaciones. De una manera inédita, a fines de los ochenta, en la Argentina, los psicoanalistas comenzamos, en funciones diversas, a trabajar en diferentes servicios del hospital público. Este cambio de la Medicina, desde la crítica o la ignorancia al interés, nos incita a evaluar esa experiencia. No opinaremos sobre el discurso médico en general, sino de algunos aspectos de la aplicación del Psicoanálisis en la Medicina del Estado, y en la Argentina. 


I. La práctica psicoanalítica en el hospital

 Recuerdo una especie de estadística que cultivo con cierta asiduidad, estadística vacilante que me evoca lo que un epistemólogo, que describía los procedimientos lógicos de la ciencia, llamaba la generalización argentina, la generalización al boleo. Construyo esa estadística casera en base a preguntarles a los analistas que están por finalizar su residencia  que porcentaje de personas de las que entrevistaron durante los tres años en el hospital tuvo una cura analítica, es decir fue más allá de las entrevistas preliminares. Nunca nadie me contestó más que un diez por ciento y muchos me dijeron menos que eso. Lo cual coincide con mi propia experiencia como analista de control en el trabajo clínico hospitalario. Conviene aclarar, si fuera cierta mi precaria encuesta, que lo que experimentó gran parte de las personas restantes no es poca cosa, en todo caso es menos dañino psíquicamente que tratamientos puramente sugestivos y represivos, en sus variantes universitarias, o místicos o perversos, de lado de la cultura popular. Experimentaron, en muchos casos, un alivio sintomático ligado a la transferencia, a la sugestión, al ideal, pero, si el analista trabajó bien en las entrevistas, con mínima represión, sin intervenciones que llenaran de sentido, que emparcharan un imaginario de efectos represivos sobre los síntomas. Tuvieron también la chance de un análisis, incluso con la vivencia de fragmentos de trabajo analítico, chance que no todo el mundo experimenta.

Y si voy al inicio, cuando jóvenes psicólogos recién recibidos, interesados en el psicoanálisis, me consultan sobre la posibilidad de ingresar como residentes en los servicios  hospitalarios suelo advertirles que intentarán practicar el psicoanálisis en un terreno desfavorable para su eficacia. Es en el consultorio privado donde tiene las mejores condiciones como para lograr el máximo despliegue de sus capacidades curativas. La gratuidad del espacio público, por ejemplo, es una condición que limita los indicadores clínicos para la evaluación de la disposición transferencial del consultante como intentaremos mostrar enseguida.

Pero tampoco olvido decirles a esos jóvenes analistas que el hospital, y el servicio psiquiátrico especialmente, son lugares muy importantes para aprender la eficacia del analista y, entre otras cosas, el uso controlado del cobre sugestivo en situaciones de urgencia. También para ocuparse y conocer sobre trastornos graves en cualquiera de las tres estructuras del sujeto y en cuadros que escapen de ellas.

 

II. La apariencia de un análisis consolidado

 La analista hablaba en su hora de control con algo de sorpresa, casi conmovida. Hacía pocos años que se había recibido y transitaba en ese momento el segundo año de su residencia en un hospital del estado. Estudiosa y en análisis, su práctica reflejaba esos méritos, los cuales contrapesaban su inexperiencia.

La sorpresa era que un paciente al que escuchaba parecía ir configurando muy prontamente una demanda de análisis a partir de un síntoma neurótico clásico, una inhibición para hablar en público, inhibición problemática pues entorpecía su trabajo ligado a cierto tipo de tareas docentes, tareas en donde debía hablar ante otros con  relativa frecuencia.

Intentaré destacar un rasgo de esa cura a fin anudar a ella algunos problemas que atañen al interés que el psicoanálisis puede tener para el discurso médico. Es que ese caso sugiere como a veces la gratuidad del hospital simula una transferencia bien encarnada y un demanda de análisis.

A diferencia de la mayoría de las curas realizadas en el ámbito hospitalario una atmósfera de trabajo de análisis se instaló rápidamente en las entrevistas. Asociaciones, algunos sueños, una actitud de colaboración e indagación participativa dibujaban esa experiencia. Aparecieron rasgos de una transferencia erótica acotada, explícita a través de comentarios directos sobre lo que significaba para este hombre hablarle a una mujer con ciertas características que la hacían atractiva para él y también cierto embarazo y dificultad para comunicar algunas asociaciones. La transferencia parecía ubicarse en un analista singular.

Otro hecho para destacar fue que a los pocos meses de este trabajo el paciente fue capaz de enfrentar algunas situaciones en donde disminuyó mucho su dificultad para hablar en público. Esa rápida sedación de los síntomas fue tan importante que la analista llegó a pensar, en control, la posibilidad del alta del paciente. Interesante: en el momento en que el análisis parecía comenzar la analista pensaba detenerlo. Retomaremos esto ya que tiene que ver con la marca negativa que puede importar la experiencia hospitalaria para la formación de un psicoanalista. Advertida de esto en el análisis de control, la analista se cuidó de hablar de estas cosas y continuó su trabajo.

Como suele suceder, al poco tiempo otra serie de experiencias penosas marcaron la repetición sintomática, la inhibición le hizo muy difícil encarar otra serie de intervenciones ante otras personas. No obstante, la transferencia se mantenía, aparecían ciertas cuestiones de su inhibición relacionadas al padre,  proseguía la impresión de elaboración analítica.

Más de un año después se produjo el episodio que me interesa. La analista terminaba su período como residente y debía suspender la cura, cuestión que ya conocía el paciente. Se abría la posibilidad de que prosiguiera su tratamiento con otra persona en el hospital o con la misma analista en privado. Dadas las características descriptas, el clima de trabajo, la transferencia singular, lo esperable era esto último, la continuidad con su analista. Inesperadamente, otra sorpresa, el paciente decide no continuar su tratamiento en ninguna de sus alternativas. El síntoma que lo preocupaba no había cedido. Hasta aquí el relato.

 

III. Las dificultades, los límites.

 Sin pretender novedad, las publicaciones hace tiempo que lo indican, decimos que el discurso médico problematiza la transferencia aumentando o disimulando las resistencias. Escribiremos tres notas al respecto.

En primer lugar, la transferencia de los pacientes a la institución médica implica, en una gran parte de los casos, una posición complicada frente al síntoma: este es algo que debe serle sacado por otro, como sucede con las patologías orgánicas; es extraño, externo al sujeto, la resistencia  hacia el análisis del síntoma se refuerza por la ideología organicista, ya que, por ejemplo, la disposición a la angustia es genética, según los técnicos del panic attack. Por otra parte, el anonimato inicial de dicha transferencia, no hay encarnación en un nombre o un rasgo de un analista, obstaculiza, no impide, la transferencia propia del análisis. En el caso descripto este obstáculo era lo que parecía superado.

Estos son factores que aumentan, en general, las resistencias al trabajo analítico y que, conviene subrayarlo, exceden, en este caso, la Medicina del Estado, se juegan en el campo privado, en las clínicas, por ejemplo.

Ahora la segunda nota. Dificultad en establecer una real transferencia simbólica y en leerla con precisión es el problema que ilustra el fragmento clínico relatado. La gratuidad, creemos, hace aquí obstáculo a una lectura correcta de la situación transferencial.

De ahí lo que llamamos apariencia de análisis consolidado. Lo cual no implica que no hubo análisis. Estamos evaluando la calidad que ese análisis parecía tener, con pocas desviaciones narcisistas o de carácter, resistencias leves pero no al modo contrafóbico donde parece que patinamos sobre hielo, se avanzaba venciendo las que iban apareciendo, análisis del inconciente, de sus formaciones, insistencia de la repetición, ligada quizá a la resistencia del ello o superyó, es decir un análisis instalado, que funcionaba bien, un sujeto realmente interesado en avanzar sobre su inconciente. Sin embargo, eso era endeble, no se sostuvo. Parecía otra cosa.

Una objeción. Se puede argumentar que la gratuidad no sería el factor desencadenante de la resistencia ya que el paciente tampoco retoma con otra analista en el hospital. Es posible. Sin embargo, la índole de la transferencia establecida sugiere que se quedó a medio camino: logró establecer una personalización de la transferencia que le impide cambiar de analista pero no lo suficientemente fuerte como para pagar por un análisis.

Esta vicisitud de un análisis, el abandono intempestivo, también ocurre en el ámbito privado, cuando de pronto, por ejemplo, un inesperado pasaje al acto interrumpe procesos que parecían avanzar con solidez. Creemos, no obstante, que las características de la gratuidad favorecen que el analista no evalúe con precisión el análisis en curso o yerre más fácilmente.

Otra dificultad, y aquí nuestra tercer nota, ligada a la práctica psicoanalítica en el hospital es la mezcla entre disposición transferencial vacía y presentación sintomática espectacular que muestra una gran cantidad de pacientes. Resaltábamos antes que la analista imagina interrumpir la cura cuando estaba recién empezando. Allí está jugando su inexperiencia. Pero no solo eso: intuyo allí esas características de la clínica hospitalaria. Por un lado, otro aspecto de la disposición transferencial del consultante diferente a lo que comentamos en las dos notas anteriores. Acostumbrada, la analista, a escuchar discursos dirigidos al médico, puramente referenciales, vacíos, de pura piedra, donde no entra nada, ya sean espectaculares o intrascendentes, la mera aparición de formaciones del inconciente apura la sensación de curación, de trabajo cumplido. Pues, es cierto, es mucho lo que hay que trabajar para transformar esa posición resistencial del consultante, para lograr la aparición de fenómenos inconcientes y que además el sujeto se interese en ellos. Conseguirlo se siente como un avance. Y lo es, pero es el avance inicial no el final.

Y, por otro lado, si agregamos que en el hospital estamos acostumbrados a escuchar y ver, una sintomatología espectacular y aguda, con actos salvajes autodestructivos o agresivos, con poco eficacia de la función del decir, la aparición de un pequeño síntoma neurótico, aislado y que además puede ceder rápidamente, debilita la idea de un trabajo prolongado. Sin embargo, se sabe que a veces síntomas aislados y aparentemente leves, no ceden luego de mucho tiempo de análisis y que esa repetición implacable es fuente de muchas interrupciones de tratamiento cuando no de intensos sufrimientos con ciertos riesgos de desesperanza o depresión severas. 

Si bien el analista conoce en la clínica hospitalaria formas de subjetividad muy extrañas y poco frecuentes, patologías extremas, manifestaciones salvajes de las pulsiones inconcientes, ese contacto con lo bizarro, con la sintomatología espectacular puede embrutecer su escucha y su interpretación de los hechos. Y eso apenas se le puede reprochar al discurso médico. Un buen médico no se contenta con la desaparición de los síntomas cuando debe diagnosticar la curación.

                                                                                                                    Enero, 2003

  

02:27 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

E. Vascheto


FORMAS ACTUALES DEL SINTOMA EN LA PSICOSIS

Dr. Emilio Vaschetto


 Al decir “formas actuales” nos referimos a un aspecto de los síntomas en la psicosis[1] que interactúa necesariamente con el discurso de la época.

Observamos en los diferentes modos de presentación una elevada prevalencia de perturbaciones psicóticas del cuerpo, fenómenos de significación personal sin elaboración delirante ulterior, o bien los llamados en la “medicina oficial” trastornos de ansiedad colonizando estructuras psicóticas (a veces siendo un tapón imaginario para la misma). En suma, ciertas mutaciones clínicas (patomorfismo) que ensombrecen o desorientan el diagnóstico de estructura.

Es de nuestro interés detenernos por un instante en este aspecto variante del síntoma para así inteligir lo que no varía, su constante. Esta orientación hacia lo real y la respuesta del sujeto frente a ese vacío enigmático es lo que intentaremos desarrollar en el presente trabajo. 



[1] Esto es correlativo también a la neurosis

 

  

02:22 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

¿Qué es el IOM?


El Instituto Oscar Masotta: investigación y docencia en psicoanálisis a lo largo y a lo ancho de la Argentina


Reportaje a la Lic. Claudia Castillo para ANALITICON


 

Analiticón: Usted estuvo este año en Mar del Plata en ocasión de las Segundas Jornadas de Convocatoria al Psicoanálisis?

     -Sí fui invitada a presentar un trabajo a través de Leonardo Vera, a quién conocía desde hace unos años cuando el integró junto con otros la Biblioteca Freudiana de La Plata. En la Jornada de abril presenté un trabajo que tuvo por título: “La angustia en la clínica con niños y adolescentes” este título es el del programa de año 2005, del Módulo de investigación Referente/infancia del Centro Descartes del cual soy responsable desde 1992. Por otra parte Leonardo sabe de mi pertenencia al IOM (Instituto Oscar Masotta) desde su creación en calidad de docente y de Interlocutora en Buenos Aires de la Delegación Río Gallegos.

 

A: ¿Podría explicarnos qué es el Instituto Oscar Masotta y cuando se creó?

      -El Instituto Oscar Masotta se creó en julio del año 2000 en Buenos Aires, en presencia de Jacques Alain Miller, y está dedicado a la investigación y docencia del Psicoanálisis en el interior de la Argentina.

 

A: ¿Con que avales y auspicios contó el IOM?

      -Desde el inicio el Instituto Oscar Masotta y sus centros de investigación y docencia contaron con el auspicio del Institut du Camp freudien  con sede en Paris y del Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de Paris VIII.

 

A: ¿Dónde tiene su sede el Instituto y quienes lo dirigen?

      -El Instituto tiene su sede en Buenos Aires en la Casa del Campo Freudiano, en la calle Riobamba 911. Consta de un Consejo Institucional y de un Comité de Iniciativa. El Consejo Institucional lo conforman el Presidente de la EOL, el Director del Instituto Clínico de Bs. As., el delegado general de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, y un representante del Instituto del Campo freudiano (Paris).

     El Comité de iniciativa está compuesto por Samuel Basz, Jorge  Chamorro, Germán García, Juan Carlos IndartRoberto Mazzuca y Mónica Torres.

 

A: ¿En qué lugares del país ya está funcionando el IOM?

    -Hay dos tipos de agrupamientos locales: los Centros de investigación y docencia y las Delegaciones.

Hay C.I.D. (Centros de investigación y docencia) en: Bariloche, Corrientes_Chaco, Jujuy, La Plata, Neuquén, Pergamino-Junín, Tucumán, San Juan,  San Luis, Salta. Hay Delegaciones en:

           Bahía Blanca

           Comodoro Rivadavia

           Pilar

           Conurbano Sur  

           Río Gallegos

           San Miguel

           San Nicolás

           Santiago del Estero

           9 de Julio

           La Rioja

 

A: ¿Cómo está organizada la enseñanza en los CID y las Delegaciones?

   -El IOM comenzó proponiendo un programa de dos años bajo el nombre de Seminario Clínico para los CID, teniendo en cuenta las condiciones de cada ciudad.

A su vez se propuso un programa para las Delegaciones.

El programa de los CID se elabora y rige a nivel nacional.

En las Delegaciones a partir del año 2005, se hizo participar a los docentes locales y a los interlocutores para armar un programa acorde a los intereses de cada lugar.

 

A: ¿Además de estas actividades formales, se organizan a través del IOM otras actividades?

    -Desde el principio, el IOM ha alentado y propiciado todas las actividades que sean convenientes al desarrollo y difusión del psicoanálisis y los debates culturales en cada lugar: presentaciones de libros, conferencias, participación de los integrantes del IOM en actividades de las Universidades, etc. También ha fomentado la creación de grupos de lectura entre los asistentes al curso para profundizar en temas que se desprenden de la actividad central.

 

A: ¿En algunos lugares el IOM ha impulsado la creación de Bibliotecas?

    -En algunos lugares como en Salta, en Río Gallegos, creo que en Jujuy (sino recuerdo mal), ya había bibliotecas que se habían ido creando siguiendo un modelo que había inaugurado Masotta en algunas ciudades de España y que luego continuó Germán García allá y aquí. Estas bibliotecas como la Biblioteca Austral de psicoanálisis, por ejemplo, se sumaron a la iniciativa del IOM e incluso firmaron acuerdos con Bibliotecas locales, integrándose así a un proyecto más amplio y haciendo que aquellos que tuvieran interés, tuvieran acceso a los libros de psicoanálisis.   

  

02:20 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {1} - publicar comentario

Germán L. García

Gente del Secreto

                                     Por German L. Garcia ( www.descartes.org.ar )

 

Bajo ese título se publicó una elegante clase de mi amigo Jacques-Alain Miller  donde se explaya sobre “La secta del Fénix”, un conocido relato de Jorge Luis Borges. La secta, como sabemos, divide ala humanidad entre los que saben y los que no saben, pero, además,  en tanto pone en juego la conspiración conjuga antinomia saber y secreto: están los que saben el secreto.

La clase de Millar se encuentra en Los usos del lapso (Paidós, 2004). Vale la pena leerla.

La línea de Freud: en el año 1977 Vicent Descombes publicó L´inconscient malgré lui (París, Minuit) Donde, en unas doscientas páginas analiza la lógica implícita en el retorno de lo reprimido, según la expone Sigmund Freud.

Y aquí “retorno de lo reprimido” es algo que se encuentra en cualquier dicho.

Como sabemos, Sigmund Freud parte de un punto indecible (ombligo del sueño) que alguna ves Jacques Lacan comparó con la constante rotacional (imagine que extrae el tapón de una bañadera). Ese indecible se divide en algo no dicho y algo dicho. Es decir, lo que se diga implica lo que se calla. Pero, lo no dicho puede ser indecible (no tengo las palabras) como abyecto (me repugna decirlo) pero también secreto. Por último; el secreto puede estar guardado (sé lo que callo), pero también perdido (no está a disposición de mi conciencia).

Cualquier dicho entonces, puede dejar escuchar la marca de lo indecible, lo abyecto, lo confidencial, lo reprimido. Es la circulación del sentido gozado. (Continúa en página 2)

En la línea de Freud, el secreto es el enigma del deseo.

La neurosis monta su espectáculo: Bernardo Verbitsky publicó bajo ese título, una novela en 1970. El narrador le cuenta su análisis a su propia mujer, y el tema del secreto adquiere diversos valores: está el secreto sexual, el secreto político, pero también el secreto entre analista y analizante.

En El psicoanálisis y los debates culturales, libro que publicaré este año dedico un capítulo a Verbitsky, autor silenciado en este momento. El tema del secreto político en tanto se está en el clima de la clandestinidad, lleva al tema de la muerte. El secreto sexual, a la crisis de los valores de la fidelidad.

Pero, el secreto entre analista y analizante en un momento en que la terapia de grupo y psicodrama promovían la autenticidad es planteado como un problema ético. Lo que pasa en el diván no tiene consecuencias, piensa el narrador si no produce un compromiso social.

Es por eso que reúne a sus amigos, también a su mujer, también a su mujer para contar su análisis aquí la autenticidad, como en otro momento la madurez, fueron valores de la psicología que desconocían ser el síntoma de un cambio de paradigma: el chantaje de la reciprocidad. Decirlo todo, estar a merced del otro, si el otro también dice todo y está a mi merced.

La novela tiene más que decir, el tema del secreto es uno que apunta la paradoja de Phlippe Ariès: “El secreto es por lo tanto un lugar de paso, pues tiende a ser divulgado como lo prohibido a ser transgredido”. Es cierto que en principio no puede ser divulgado pues dejaría de ser secreto, pero forma parte se su naturaleza la tendencia a serlo y por lo general termina siéndolo. Es necesario, por lo tanto, rodearlo de obstáculos para que suceda lo más tarde posible.

Elogio al secreto: La isla de silencio que tiene que rodear el dispositivo del pase en una escuela es el obstáculo que encontró Jacques Lacan. Pero, además, el testimonio reúne como el final de El banquete- al poeta trágico Agatón, al cómico Aristófanes y al maestro de la verdad que es Sócrates. Es decir que, el que aprende a decir sabe como velar lo trágico, como decir lo cómico y como revelar la verdad del deseo sin usar la biografía de sus hazañas. Es válido hablar de la verdad, un poco menos es hacer pasar el goce de lo que se dice por la pérdida que se nombra.

Alguien hizo este elogio a Jacques Lacan: ¡Cuánto ha callado ese hombre!

  

01:47 - sábado, mayo 20, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

El psicoanálisis y los debates culturales. Ejemplos agentinos

Publicado en Comentarios


Autor: Germán García

Editorial Paidos.



Por fuera del mimetismo psicoanalítico

por Leonardo Vera


Explicar el por qué de la extraordinaria presencia del psicoanálisis en Argentina y hacer posible su avance, parecen empresas incompatibles. Sin embargo, Germán García gana en los dos campos otra vez. Batalla que ni culturalista, ni enciclopedista, sino la del “psicoanálisis al proponer al síntoma como inmanente a los lasos sociales”.

La beca Guguenhein le fue otorgada en 2003, y esta investigación confirma su agudeza a la hora de leer lo cómico de un eclecticismo generalizado, en los cambios de posiciones, en la modificación de vocabularios, donde los nombres propios pasan a la moda mas por ser el énfasis de una diferencia (que promete interlocutores, consultas y clientela), que causa de una insignia conceptual. Los autores extranjeros dentro de este mapa intelectual local, son convocados por los nuestros, a quienes se los oye hablar por sus obras.

G. García; además de descubrir al discreto psicoanalista de Borges, por ejemplo (el Dr. Miguel Kohan Miller), ahora nos sorprende, recuperando a Leonor Picchetti por conjugar la conexión entre el psicoanálisis de Freud y James Joyce, once años antes que Jacques Lacan con más tino con que nuestros descifradores contemporáneos, desmienten la articulación.

Hace tiempo –nos dice- tomo la decisión de separar el psicoanálisis de la psiquiatría y de la psicología y así esgrime la ironía que descubre en la Metahistoria: “No parecía que los futuros laicos de Sigmund Freud surgieran de un grupo de extraviados lectores de Jacques Lacan, en un país donde el mimetismo es la regla y la desautorización recíproca, un deporte.” [pero] “Si uno era consecuente, tanto Sigmund Freud como Jacques Lacan habían surgido de una “falta” de análisis y era eso lo que los impulsaba a seguir.” […] “Se trata invertir esa platónica certidumbre escolástica, de abandonar el sueño de una historia del psicoanálisis y tratar de entender algo del revés de la trama”.


  

01:44 - sábado, enero 28, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

Comentarios

Aire Fresco por Marcelo Izaguirre

(Comentario al libro de Germán García 

Actualidad del trauma, Ed. Grama.)

Hace ya varios años que en el calor del mes de enero, desde el Centro Descartes, corre una brisa refrescante sobre distintos temas del psicoanálisis.

Es conocida la expresión de Freud de noviembre de 1897 que afirmaba que ya no creía en sus histéricas, produciendo un pasaje de la teoría del trauma a la teoría de la fantasía. Mason presentaba la tesis que por una cuestión de cobardía y acomodaticia con la moral vienesa de entonces, Freud había decidido renunciar a darle credibilidad a la realidad del episodio traumático, y que había sido Sandor Frenczi quien valorizara como correspondía el mismo, en su trabajo sobre la confusión de lenguas entre el adulto y el niño. Para Freud no estaba definido el tema en 1917, dirá que los sucesos sexuales infantiles no son siempre verdaderos, y a veces contradicen la verdad histórica, no obstante dirá que resulta difícil orientarse en esta complicada situación.

No toma los caminos conocidos para desarrollar el tema sino que introduce nuevos aires, sacándolo de la falsa antinomia de verdad/falsedad del trauma, para ubicarlo en su punto justo: la contingencia de un encuentro. A diferencia de quienes piensan en la violencia del acotencimiento, G. García destacará el factor sorpresa como necesario para pensar el trauma en psicoanálisis. Afirmará que se trata de la inquietante familiaridad de ese encuentro., mostrando una nueva versión en la traducción del concepto de unhemlich de Freud.

Si el trauma implica una herida, habrá que tener en cuenta las diferencias que se van estableciendo entre el yo ideal e ideal del yo desarrolladas por Freud en las conferencias de 1932 donde encontramos un antecedente del concepto de extimidad de Lacan, mencionado por Freud como enemigo exterior-interior. Y en relación con la actualidad no deja de destacar la existencia de dos momentos del trauma: la histeria de 1897 y la guerra que se desarrollaba durante 1917.

Que se trata de un hecho de lenguaje no implica caer en la exaltación del mismo, por ello dirá luego que es necesario establecer que “no se trata de la lógica interna de un lenguaje sino de un cuerpo afectado por ese lenguaje”, eso es lo que Lacan llamará lo real.

La segunda parte del libro pondrá en énfasis en la actualidad, a través del recorrido de algunas sugerencias de Eric Laurent, ubicando como distribuido desde los  planteos del DSMIV, sin considerar la causa.

Otro punto en relación con la actualidad es lo tratado por Paul-Laurent Assoun, quien presenta al trauma como correlativo del deber de la salud, bajo la categoría del perjuicio. Destacará tres formas: la exclusión, la precariedad y el deterioro. Formas que G. García vincula con el desamparo primario de Freud. Damos a partir de ello con la revolución social del goce.(...) “Se enuncia en la economía del perjuicio” que vuelve al neurótico testigo del síntoma social. Los individuos perjudicados serán usados para producir el goce social y el perjuicio será creador de vínculos.

(Tiene  95  páginas y  vale  $ 19,ºº)

 

Estudios Psicoanaliticos

en la Unversidad II

(Ed. Homo Sapiens A. Cosimi compilador)

  por Leonardo Vera.
Los artículos de este libro son el producto de una selección realizada entre los textos producidos de en el grupo de Investigación Teoría y Práctica Psicoanalítica, creado a principios de 1992 en la Facultad de Psicología de la Universidad de Mar del Plata.

Reúne textos de filosofía, epistemología, literatura, lingüística, en sus relaciones con el psicoanálisis. También sobre la clínica psicoanalítica, es decir; una teorización interdiscursiva, bricolage lo llama Lacan, que al tener como fundamento la experiencia del análisis intenta soluciones de los problemas planteados. Una elaboración que genuinamente preocupada por la investigación, difunde el psicoanálisis que se pregunta por los fundamentos de su práctica.

Habrá que leer atentamente en este volumen, para entender una parte importante de la  producción de Mar del Plata en el psicoanálisis, que da cuenta de un lugar de saber… que se deja saber, sin deslindar los puntos problemáticos que supone la trasmisión expuesta y nuca del todo supuesta.

 

SINTOMA Y NOMINACION

Autor: Laurent, Eric
Editorial: COLECCION DIVA, 2002
Fecha de Edición: 2002
Encuadernación: Rústica
Idioma: Español
Páginas: 180

 

Este breve comentario alusivo al modo en que Eric Laurent cuenta la enseñanza de Jacques Lacan, en tanto cuenta con ella para leer la clínica, quiere llamar la atención sobre un tema que convertiré en una pregunta amplificada y condensada: ¿cómo intervenir en nombre del psicoanálisis en los debates actuales ahora que alguien puede alegar que cualquier discusión habría permitido, ahora que la cháchara sobre el desencanto muestra su reverso de “ascensión a los extremos”, tanto en la cultura como en la política o en la ciencia? “Lo que sirve (cierne) en psicoanálisis”, un trabajo de este libro, es una respuesta sugerente para quienes se sientan concernidos por la pregunta anterior.

Pero no intento hacer una visita guiada que, con facilidad, podría contribuir a la confusión general –evoco el título de Aldo Pellegrini, porque dejo la responsabilidad al lector, consecuente con Diane Wakoski que nos advierte que el Tao no le da a cada uno la misma idea de la montaña.

   Germán García                                                                          

 

  

01:17 - domingo, enero 1, 2006 - comentarios {0} - publicar comentario

Publicación
psicoanalítica de orientación lacaniana en Mar del Plata.

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